“La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En
cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva”.
José Saramago
Cada veinte minutos llega el metro a mi pueblo.
A partir de las diez de la mañana en este atípico verano de epidemia, y hasta
pasadas las veintidós horas, comprobamos que el tranquilo lugar costero donde
vivimos se convierte en Disneylandia, con un desfile incesante de adolescentes sin
mascarilla de entre quince y diecisiete años, sin adultos ni jóvenes a su alrededor.
Se vislumbra un comportamiento indiferente ante los problemas sociales y económicos
que nos atañe a todos. Y ante la imagen reiterada que se pronuncia ante un
nuevo día de playa, me acuerdo de él, quien se marchó hace diez años y nos dejó
con “sus ciegos” carentes de solidaridad. José Saramago nos avisó que “un ojo
aún viendo no es capaz de reconocer lo que ve”.










































