“¡Qué pobre memoria es aquélla que sólo funciona hacia atrás!”.
Lewis Carroll
Cuando George Orwell escribió “1984” intentó mostrarnos a través de su distopia lo cruel que podría ser el mundo si nos dedicáramos a recibir instrucciones y obedecerlas con docilidad. Lo que se considera una denuncia de la omnipresencia y vigilancia de un Gran Hermano o Hermano mayor que manipula la información, parece haberse convertido, en el tiempo, en un brillante manual de instrucciones que se utiliza para someter a varias naciones. Es habitual utilizar el recurso de estar viviendo en sociedades “orwellianas” cuando nos queremos referir a sistemas que reproducen actitudes totalitarias y represoras. Lo que fuera una crítica despiadada hacia el fascismo y el estalinismo concebida en forma de novela con los términos de una pesadilla nos encuentra, setenta y tres años después, inmersos en la pesadilla de lo que nos acontece es tan verosímil como lo reseñado por el escritor inglés.



