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viernes, 13 de diciembre de 2019

Y ahora tengo que esconder las heridas


“El matrimonio es la principal causa del divorcio”.
Groucho Marx

El matrimonio es la puesta en escena de gran parte de la actividad comunitaria de un ser humano. Detrás de un ideal, sentimiento, pasión, arrebato u otras energías intempestivas, las personas se conocen, gustan, coinciden, enamoran y deciden formar familias que les permitan mejorar su condición de vida. Se supone el trabajo en equipo por excelencia, y hablamos de un concepto matrimonial en que las partes tienen una libertad de decisión donde prima el enamoramiento como razón esencial para casarse. Sobre esta base se puede construir este relato, sabemos por andaduras de la vida que no todo matrimonio bebe de esas fuentes, pero hoy aquí me basaré en esa condición que muchos superan, la de amarse. No toca hoy hablar de las obligaciones si están bien o mal repartidas o aceptadas, sólo del amor, para después divagar sobre lo que sucede cuando no hay más amor en la pareja.

viernes, 31 de marzo de 2017

Porque no es lo mismo que vivir honrar la vida


“Mientras el círculo de su compasión no abarque a todos los seres vivos, el hombre no hallará la paz por sí mismo”.
Albert Schweitzer

René Descartes aseguraba, entre tantas cosas que aseveró, que las pasiones tienen por efecto disponer el alma a hacer cosas por medio del cuerpo. Amar debería ser la versión más práctica de expresar a través el cuerpo los designios del alma enamorada. Pero la agresión física también se encuadra en la definición de Descartes. La pasión tiene sus polos, positivos y negativos. Y se puede dar en distintos momentos y en la misma persona. Pero no terminan allí los ejemplos: La pasión puede activar al miedo incitándonos físicamente a huir, y a otros les otorga el temple necesario para quedarse y hacer frente al dolor o necesidad ajena. En todas estas acciones está presta la pasión, pero los seres humanos últimamente la utilizan en su vocabulario -escaso por demás- para referirse a justificaciones del tipo: “Es que le pongo demasiada pasión a las cosas”, como si el error o exceso cometido estuviera así justificado.

sábado, 25 de marzo de 2017

Cae el sol y aún sigo soñando


“La pintura realiza entonces su obra propia, la de un desvelamiento. Desvelamiento necesario cuando la tonalidad de las cosas permanece con gran frecuencia velada. Está velada porque no percibimos en la vida cotidiana más que significados estereotipados y porque la tonalidad de esa percepción es débil”.
Michel Henry, del libro “Ver lo invisible. Acerca de Kandinsky".

Édouard Manet pintó “Le suicidé” entre los años 1877 y 1881. Del pintor renacentista francés se precisó que sus pinturas albergaron parte del futuro que se avecinaba en Europa. No solo el arte, sino la vida en general estaba representaba en esos tiempos por lo que todos denominaban como “real”. Las apariencias, representaciones o convenciones vigentes en el accionar del ser humano hasta finales de ese siglo, comenzaban a dejar paso a “una nueva región de oscuridad, donde el silencio reina profundamente, donde el vacío existencial se expone, donde el arte es el valor supremo”.  Pintar suele ser desvelar, y en la vida real las tonalidades suelen ser precisadas de forma débil. Les suicides representa el fin de la pintura o el hecho pictórico que abre un nuevo mundo, el modernismo. De frente a un óleo, un realismo inicial luego de un instante de observación, nos permite cuestionar si lo que contemplamos en el lienzo representa o no la estética de una catástrofe.