“Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros”.
Hermann Hesse.
Las tornas se estabilizaron negativamente en el no discutir -en su concepción democrática-, persuadir o convencer a los que piensan distinto. Las reglas del debate político y social están demode, el discurso alineado está situado en el inquebrantable “pero tu más” y en la dialéctica de la descalificación basada en la ofensa. Los argumentos escasean y solo se apoyan en el insulto, en la diatriba y en el maniqueísmo. Nos dejamos llevar por la ira o por la pasión enceguecida. Esa división política y enfrentamiento basado en identidades es un fenómeno muy instalado que establecen bloques irreductibles y se denomina “polarización”.


