“Lo peor es cuando has terminado un
capítulo y la máquina de escribir no aplaude”.
Orson Wells
La adaptación equilibrada e
ininterrumpida que hacemos de las nuevas tecnologías nos llevan a olvidar
pronto, viejas costumbres. De repente, alguna mención vintage nos devuelve la
imagen de un instrumento que ha sido esencial para la comunicación y educación,
convirtiéndose, digamos que, a partir del tercer año de la vieja educación
secundaria, en algo esencial para el cumplimiento de actividades. Antes de
continuar, debo hacer una aclaración: si el lector tiene, menos de veinticinco
años, seguramente no la habrá utilizado ni le interesará leerme. Si tiene poco
más de esa edad, y estudió comercial o perito mercantil, guardará buenos recuerdos
de una asignatura donde este artefacto fue la estrella: la máquina de escribir
portátil o mecánica.










































