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domingo, 19 de junio de 2022

Tantos días te daré, tantas cosas te diré, casi sin hablar

 “Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,

pero me voy, desierto y sin arena:

adiós, amor, adiós, hasta la muerte”.

Miguel Hernández – Soneto “Yo se que ver y oír”.


La creatividad guarda una relación constante con la saturación. Puede ser desbordante tanto la carga psicológica de la inspiración con su impulso a borbotones como cuando no surge la temática o prima la angustia del no poder escribir con calidad o continuidad siquiera una cuartilla. Se supone que un escritor, profesional o no, siempre querrá escribir. Si no lo hace, tal vez no sea una crisis sino un impasse. La obligada sensación de tener que acudir a talleres creativos o de creación literaria forma parte de las imposiciones snobs que nos vulgarizan o nos unifican -todos sin originalidad haciendo lo mismo porque se estila-. De no prestar atención a la vocación, a la capacidad literaria o filosófica de comunicar y hacerlo como a cada uno le plazca, sin convencionalismos, en algún momento debamos penar con resignación y sin capacidad de maniobra, de que la literatura en general llegará a ser producida o escrita por computadoras.

sábado, 15 de julio de 2017

Mis propios dioses ya no están, espejismos

“Las sociedades llamadas avanzadas consumen imágenes, no creencias; son, pues, más liberales, menos fanáticas, pero son también más falsas (menos auténticas), cosa que nosotros traducimos, en la consciencia corriente, por la confesión de un tedio nauseabundo, como si la imagen, al universalizarse, produjese un mundo sin diferencias (e indiferente)”.
Roland Barthes, filósofo, escritor, ensayista y semiólogo francés (1915-1980)

Tengo una foto recientemente enmarcada de mis tías en mi escritorio de trabajo. Están pegadas a otra que me sacaron con uno de mis jugadores favoritos de mi equipo de benjamines. Si giro a la derecha, observo la foto con mis padres en un paseo por Asturias y tengo un retrato grande en la repisa de los libros, con algunos de mis amigos el día de mi despedida inicial de Argentina. Y en blanco y negro, una foto excelente que sacó mi esposa de varios botes irregularmente colocados en la ría de Plentzia, merecen un marco de tamaño considerable. Es decir que, en las siguientes líneas, me embarcaré en la confusa tarea de escribir sobre la cantidad obtusa de fotos, gif o videos que sacamos, envíanos o circulamos y resulta que, en un punto, no escapo a la tendencia. Pero en mi descargo, creo que yo recopilo recuerdos, no modas. Me resguardo de mis vacíos con esas pocas fotos, no me vacío más acumulándolas en el móvil.