“Que hermosos pensamientos y horas alegres os acompañen”.
Frase de la obra “El Mercader de Venecia”, de William Shakespeare usada como conjuro por los que mencionaban la palabra Macbeth.
La dimensión filosófica de la tragedia en la literatura puede tener buena base con algunos personajes trágicos de la obra shakespeariana. En varias de sus trabajos, sus figuras son devoradas por los celos, amor o dudas y el conflicto está dentro de lo protagonistas, interviniendo sus fantasmas decisivamente en el relato. Así ocurre en Hamlet y Macbeth, por ejemplo, perpetuándose como arquetipos. Todos estos sentimientos y sensaciones no fueron descubiertos por el Bardo, han estado presente desde los comienzos del mundo. Según William Shakespeare, las personas se implican en la historia de tres maneras: unos la crean como víctimas, otros suponen que la crean, pero también son víctimas, y por último hay algunos que no la crean, pero igualmente son sus víctimas. Los primeros son los Reyes, los segundos los confidentes de los Reyes y ejecutores de sus órdenes y los terceros, los simples ciudadanos de sus reinos. En ese juego de poderes es donde juegan las revoluciones.


