lunes, 11 de noviembre de 2013

¿Te cuesta rectificar a tiempo?


“Solo los impasibles no rectifican”, le atribuyeron la frase a Leopoldo Alas García – Ureña, más conocido por “Clarín”. O al menos esta expresión  se la imputan a él, ya que no pude confirmarlo a pesar de encomendarme a la red, el mejor vertedero para los adoradores del 2.0.
Antes que algún conocido enfervorizado por la política argentina me conteste por inercia que Clarín miente, tengo que aclarar que la importancia de este escritor zamorano fue clave en la literatura hispánica y que en La Regenta, su obra más trascendente de 1885, utilizó diversas técnicas como el monólogo interior, los sueños y los recuerdos, para expresar con  originalidad inédita para la época, y generar un enorme impacto por su valentía y su calidad literaria. Si bien hoy día estos textos parecen desfasados, seguimos atrapados en las frases de siglos anteriores, y una de ellas me llama poderosamente la atención, ya que la dicen todos pero nadie la luce con contundencia y entereza: “rectificar es de sabios”.

La cita es de Alexander Pope, poeta británico del siglo XVIII, destacado también por su traducción de los textos de Homero y por su poesía satírica. Y la de rectificar no es su único slogan logrado, en aquellos tiempos donde los ciento cincuenta caracteres no eran obligados, se solía extraer más sabia de la corteza cerebral y dejar frases bien cerraditas, que se convertían en máximas, eso sí, parece que de imposible ejecución en la raza, salvo en las personas sabias y reflexivas, colectivo minoritario en cualquier época.

“Algunas personas nunca aprenderán nada por la sencilla razón de que lo entienden todo demasiado pronto”, “El hombre nunca debe avergonzarse de reconocer que se ha equivocado, puesto que hacerlo corresponde a decir que hoy sabe más de lo que sabía ayer”; “Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios”; “Las palabras son como las hojas. Cuando abundan, poco fruto hay en ellas”; “Los necios admiran, los sensatos aprueban”. Podría seguir con la recopilación de citas de Pope, pero me aparto de la sabiduría buscada y por ende, de una posible rectificación en esta vida tan equivocada.

En realidad, la gran búsqueda debe ser la de la sabiduría. Parece más a mano que otras dudas que nos habitan. Y el término sabio es ambiguo: 1. Grado más alto del conocimiento. 2. Conducta prudente en la vida o en los negocios. 3. Conocimiento profundo en artes, ciencias o letras. 4. Noticia (conocimiento).

“Errare humanum est”, o reconocer que es natural del hombre equivocarse es una frase de Séneca. Pero nos olvidamos generalmente que esa cita tiene dos partes. “errare humanum est sed perserverare diabolicum” que quiere decir que es diabólico perseverar en el intento de ese error. Es norma que el hombre se equivoque, no por tener animosidad contra mis semejantes, sino porque al disponer de ese plus que llaman libre albedrio, está garantizado que de la libertad de movimientos se acierta y se erra. La hormiga continúa su eterna lucha contra los elementos construyendo sus hormigueros de la misma forma desde que la hormiga es currante y debe hacer sido eso antes que el mismo hombre se pusiera a trabajar. Sus construcciones parecen ser seguras, perfectas dentro de la naturaleza. Y hacen sus refugios exactamente iguales que las hacían hace millones de años y nosotros, no estamos preparados para eso. Innovamos, transgredimos, nos arriesgamos y en eso consiste el progreso. Y en el progreso está contemplada la equivocación, gracias a la libertad de la que estamos dotados. No es malo equivocarse, lo dijo Pope o Séneca. Lo malo parece la sensación de no saber o querer reconducir el error.

El ministro de Educación (y demás carteras) del Gobierno de España, José Ignacio Wert, tuvo que rectificar su decisión de recortar las becas Erasmus, una vez instalados los alumnos en los países donde están desarrollando las becas este año. El escándalo era absoluto pero no es el primero de este ministro de Mariano Rajoy. La impopularidad de la medida y sobre todo, lo absurda, hizo volver la decisión sobre sus pasos. Pero no fue sabiduría, en una concatenación de medidas crueles de recortes y de verborragia inflamable del ministro, los ciudadanos decidieron que se les mienta algunas veces pero todo tiene un límite. El PP prefirió tirar del tópico, otorgándole la dudosa condición de sabio, al rectificar, pero  a todos nos queda otra sensación, la de pérdida de credibilidad reiterada y la duda sobre la legitimidad de su gestión.

Otro personaje central de la historia española puede ser Felipe González. Esto no está dictado por la ideología, simplemente cualquier persona que dirija las riendas de cualquier democracia es importante, en su buena o mala gestión. Y Felipe González acertó en resumir otra máxima de pocos caracteres al precisar al que se equivoca todo el rato. “Rectificar es de sabios, pero es de necios rectificar a diario”. Convengamos que dos o tres siglos pueden ser necesarios para redondear una buena idea o expresión del hombre. Y esta cita de Felipe González parece más acorde con estos tiempos. La persona inteligente (que no necesariamente debe ser sabia) y sensata, debe aprender de los errores. Pero no es sabio y juicioso estar rectificando todos los días. Algunos lo hacen por ansiosos, culpógenos, inestables o irresponsables; otros por incompetentes. Pero hasta los prefiero ante aquellos que no tienen entre sus objetivos reconocer un error, regalarnos y regalarse una disculpa a tiempo y reconducir la situación. Y qué decir del que rectifica luego de semanas de negar la evidencia y solo rendirse cuando el agua le ha llegado al cuello.

Cuantas cosas cambiaríamos si pudiéramos volver atrás. Caemos en el estéril ejercicio de imaginarlo, cuando es al menos improductivo. A lo hecho, pecho es otra frase, esta de origen popular. Ya no podemos volver atrás. Si nos equivocamos, aceptar el error es más difícil pero más sano, abrevia el camino. Pero no lo hacemos. Persistimos en el error y hasta construimos nuestra vida con esos cimientos. Dejamos que el error se convierta en mentira, obligamos que ese error genere desconfianza, permitimos que esa equivocación se convierta con el tiempo en ambigua, es decir que terminamos ofreciendo a otra persona la autoría de nuestra equivocación, y ya no volvemos a ser como éramos.

Y caemos en otra máxima popular, “El tiempo cura todas las heridas”. El tiempo todo lo puede, eso es cierto. Pero las heridas de las equivocaciones no deberían entrar en esta máxima. Un error no remediado se mantendrá en el tiempo y no se olvidará y los miembros de una familia o  los habitantes de una nación perdurarán con el error. ¿No sienten que pasa eso en nuestras sociedades? Rectificar no es de ministros, jefes de estado o de empresarios. Pero tampoco lo es de nuestra gente de a pie, que de tan cercanos que eran ahora son tan distantes. ¿Quién de los que llegan hasta esta línea de esta incierta editorial no han sufrido la división en carne propia? Y no caigamos en la ideología, solo pensemos en el accionar de algún ser querido que se ha distanciado o que por su equivoco accionar nos ha distanciado de otros. ¿Y no será verdad que del material de los cimientos se construyen las pirámides sociales?

En Argentina, en momentos recientes de mayoría absoluta, era común una máxima con un contenido exitista ante la divergencia o crítica. “Si no les gusta, armen un partido político y ganen unas elecciones” era el saludable consejo. Hubo un tipo que lo hizo pero de momento no cambio esa virulencia, no hubo autocritica. La voz de los votos solo es escuchada en el momento que toca ganar. La derrota no se reconoce, nadie rectifica políticas ni caminos. Pero es tan necio el gobernante como el gobernado que cree tantas mentiras, y las sostiene a costa  de alejarse de sus seres queridos. Quizás el problema de la falta de rectificación tenga que ver con esa pirámide tan mal construida. Lo que se ve por la tele no difiere mucho de lo que abunda en casa.

La rectificación parece estar mal vista. Más que sabios, nos especializamos en querer ser tozudos, necios. Hay otra frase de Clarín, recuerden que es Leopoldo Alas que dice: “El orgullo es una pasión de los Dioses; pero de los dioses falsos”. Entre mis características podemos destacar que tengo algo de orgulloso, aunque puedo confundirme con cabeza dura o algo cercano a la terquedad. Pero de mi madre aprendí a pedir perdón, aunque a diferencia de ella, al no asimilar en el momento que estoy cayendo en el equívoco, será cuestión de horas que me acerque y diga las palabras mágicas. También conocí otros procederes en el mismo entorno familiar, que es dejar pasar el tiempo y retomar la conversación como si aquí no pasó nada. Creo que ese proceder es característico de alguna raza, es su manera de reconocer un error sin dejar el orgullo de lado, lo vengo a descubrir al irme de mi entorno. Como un guiño que alguna vez le hice a alguien al que de verdad amo, lo pongo en práctica con los que dejan pasar el tiempo y se amigan con el arte del disimulo.

“La experiencia es un peine que te da la vida, cuando te quedas pelado (o calvo)”, esta frase debe ser popular pero yo la leí de Oscar “Ringo” Bonavena, aquel mítico boxeador argentino de la década de los setenta. Es decir que el sabio no es solo el filósofo, del literato o amante de las artes; la sabiduría puede aparecer en cuenta gotas en la misma persona, algo que presumo de la vida de Bonavena, llena de tantos equívocos que hasta lo llevaron a su muerte. Quizás tantas citas nos exponen, el refranero de lo que debería ser no nos deja ver el bosque de nuestras contradicciones.

Será que nadie conoce el rumbo. Será que antes no lo conocían pero al menos les motivaba una convicción, que con el tiempo siempre parece equivocada. Pero ahora nos mueve la desgana, vemos la gran obra de teatro indiferentes, con ganas de protestar pero que la protesta no dure demasiado. Sabemos que más que una rectificación vendrá una excusa, pero nos vale. Seguimos atascados en defender ideologías que llevan un siglo de caducidad y las creemos vigentes solo porque las parafraseamos.  La barbarie, la intolerancia, el fundamentalismo y la violencia debe ser combatida y el punto de partida deberíamos ser los habitantes de los cimientos, porque si seguimos creyendo que sólo el ganador es infalible, que los demás no tenemos derechos a criticar, que ser opositor es ser enemigo y persistimos en la convicción de que un gobernante es un cacique o el dueño de hacer lo que le guste y no que solo debería ser un gestor de nuestra confianza, nunca recuperaremos el pudor y terminaremos aceptando una cosa hoy y otra bien distinta mañana.

Pero como todo comenzó con una frase de Pope, me retiro con un verso de Antonio Machado de su Poema de un día, meditaciones rurales. Su obra es más actual que nunca.

Todo llega y todo pasa.

Nada eterno:

ni gobierno

que perdure,

ni mal que cien años dure.

—Tras estos tiempos vendrán

otros tiempos y otros y otros,

y lo mismo que nosotros

otros se jorobarán.

Así es la vida, don Juan.