jueves, 7 de noviembre de 2013

El mejor amigo del buitre




Para los que creen en los sueños y sus interpretaciones, soñar con un buitre es la encarnación del mal, de la traición y de los enemigos. Evocar durante el sueño a un buitre es sinónimo de que algo malo ha de suceder, y lo relacionamos con personas de las que confiamos y que presagiamos que nos han de engañar o generarnos un disgusto.
Si en el sueño, el buitre está dando vueltas alrededor nuestro, es señal de que alguien nos está acechando y nos quiere hacer un daño físico o moral. Si durante el sueño el animal está quieto a metros de nosotros, la interpretación nos fundamenta que alguien se ha aprovechado o está a punto de hacerlo, es decir que se ha de beneficiar a nuestra costa. Pero si lo soñamos atacando, nos alerta que tendremos enemigos de mucho cuidado. Para terminar con las alternativas oníricas sobre este animal, podemos soñarnos cazando buitres. Esto nos dará la idea de que a pesar de sufrir en breve dificultades, podremos salir indemnes sin mucho esfuerzo. Si el sueño lo analizas en tu terapia te podrá dar un significado quizás lógico de algo que te preocupa. Si solo te manejas por la cábala, jugando al 58 por ahí te genera un golpe de suerte… económica en la lotería.

Incluso nos referimos al buitre como palabra despectiva cuando en nuestro grupo de amigos, gozamos de la presencia de uno de ellos a la que tenemos que mantener a distancia, porque no es aconsejable que esté cerca de nuestra nueva novia o conquista. Que te la va a birlar, o al menos lo intentará sin descaro, como una manera natural de ser seductor. Tenemos amigos buitres, y dan la sensación del sobrevuelo a la búsqueda de oportunidades femeninas o de dinero.

También nos ha pasado sentarnos tranquilamente a comer unas galletas, un bocadillo, una coca cola helada o algo que trasmita que está muy bueno, y se nos han acercado nuestros allegados con la mirada inequívoca de querer participar de nuestra ingesta. Cuantas veces con un arrebato de furia, le hemos achacado que parecen buitres y hasta le damos un pedazo de nuestro alimento para reforzar el desprecio que nos genera esa manera de ser. Hay un dicho para estas personas, “primero están sus dientes que sus parientes”.

En la simbología cristiana, la paloma por ejemplo, es el símbolo que mas aparece en la Biblia como alegoría de la paz, el amor o el descanso. Pero el buitre vuelve a caer mal parado en el acerbo eclesiástico. Representará la avaricia o el interés por las cosas pasajeras. Siguiendo con la liturgia, me habrán de perdonar los muy devotos, pero se suele escuchar en los pasillos vaticanos la frase despectiva del tipo “buitres con sotanas que pululan por las estancias pontificias” cuando estamos prestos a un conclave que arrojará al nuevo Pastor de la Iglesia Católica.

Para no aburrir y para develar finalmente de que va esta entrada, estamos muy acostumbrados al uso de la palabra buitre cuando vemos la cercanía de un banco malo o de los fondos que le han dado ese nombre. Esto quiere decir que es un determinado capital de riesgo o fondo de inversión libre que invierte en una deuda pública de una entidad que se considere débil o cercana a la quiebra. También mala prensa para la palabra buitre. Y para terminar, el buitre es un animal rapaz y carroñero, que solemos ver a través de fotos o documentales. Pero alguna vez estuvieron cerca de algún buitre? A digamos cinco metros. Es una experiencia increíble y mejora si tenemos a alguien al lado que además de tranquilizarnos, nos cuenta la idiosincrasia de esta especie que nos empecinamos en darle un carácter peyorativo a su existencia.

La pasada Semana Santa encaramos una nueva visita a tierras de Aragón. Una vez conocido Zaragoza y Teruel, visitado pueblos tan amenos como Albarracín o Mora de Rubielos, encaramos unos días de tranquilidad y presencia abundante de naturaleza para recorrer Huesca y alrededores, primando la visita al Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido. Junto a la agradable compañía de una familia amiga, y una vez definido la intención del recorrido, debíamos encontrar una casa rural para ocho personas que resultara amena, cercana a los destinos fijadas y sobre todo, óptima para nuestros recursos económicos. Buscando en distintas páginas de las que solemos tirar en nuestra planificación de viajes, fuimos pasando por Booking, top rural o escapadas rural sin suerte. Además del monte, está la presencia de los pirineos y en esa época del año, todavía existe el recurso de las pistas de esquí, lo que suele encarecer las estadías. La idea era alejarse un poco, no más de una hora del destino e intentar abaratar los costes.

De repente el grito de Eureka. En la localidad de Santa Cilia de Panzano, accedimos a una bonita casa rural de poco más de diez euros por persona y día. Consultados los Urrutia (la familia que nos suele acompañar en nuestras salidas y en la contención casi familiar de todos los días en esta experiencia lejos de casa) confirmamos el alquiler de la casa y solo restaba esperar el jueves santo para iniciar el recorrido. Sorprendido por el buen precio logrado, me acerqué a Google para conocer algo más del lugar, con la esperanza de que además de barato, fuera un lugar con algún atractivo turístico. El séptimo link era un video de YouTube y enorme la sorpresa al linkearlo y encontrarme con un grupo de gente en silencio mientras una persona con chubasquero rojo les explica las características de más de quinientos buitres comiendo casi de su mano. De inmediato, envié un mail con el link del video a mis compañeros de viaje, desvelando el porqué de tan barata estadía, es que íbamos a estar rodeados de buitres.

Continuando con el descubrimiento de tamaño lugar, confirmé que a un kilómetro de la casa rural había un comedero de buitres y justo enfrente de la casa alquilada, el museo y centro de interpretación Casa del buitre. Investigando un poco más, confirmamos que cada quince días se podía acompañar a un miembro fundador de la Asociación Fondo Amigos del buitre (FAB) a ver como alimenta a estos animales en un mirador de este comedero. Es decir, que una caminata por Ordesa y la visita a Huesca, Ainsó, Ainsa y Alquezar seguían siendo los objetivos, en mi cabeza tomó cada vez más expectativa la mañana del sábado, y pasó  a ser el momento mágico de esa salida rural. Como tantas veces que conoces un lugar nuevo, la sorpresa sale de donde menos lo esperas.

La cita era a las 10 de la mañana en punto, casualmente en la puerta de nuestra casa. Veinte minutos antes varios coches fueron aparcando y grupo de gente de todas las edades aguardaba en los alrededores. A las diez bajamos y nos unimos al grupo. Para nuestra sorpresa, el hombre del chubasquero rojo estaba al frente de la expedición. Tomó nota mental de la cantidad de visitantes en esa jornada y nos pidió que nos acercáramos en los distintos coches a unos metros del mirador. Allí nos daría una serie de indicaciones que debíamos obedecer sí o sí, comenzando por guardar estricto silencio al descender de los coches. Mientras tanto, si levantábamos la vista al cielo, podíamos observar que desde distintas direcciones sobrevolaban buitres y muchos otros más, se acercaban desde lejos. Hasta ese sábado solo tenía constancia de la existencia de buitres o milanos por la existencia del museo. Pero por más que agudizáramos nuestros sentidos, no se distinguía nada en el espacio aéreo. Y ahora por una especie de magia, el lugar se poblaba por cientos. La última vez que los había alimentado había sido otro sábado de quince días atrás, y las aves acudían a la cita con una puntualidad asombrosa.

La Asociación es una entidad conservacionista sin ánimo de lucro, fundada en 1986. En la comunidad autónoma de Aragón, en la provincia de Huesca y en cinco localidades, una de ellas Santa Cilia de Panzano, la asociación se encarga del mantenimiento y conservación de las especies de población rapaces necrófagas, en verdadero peligro de extinción, a causa de reglamentaciones de las distintas administraciones que han eliminado los muladares. Comenzando un rápido cursillo sobre lo que estábamos experimentando, nos explicó lo que era un muladar: zonas acondicionadas donde se depositan los cadáveres, principalmente de animales de ganadería, con el fin de que animales carroñeros den buena cuenta de ellos, completando el circulo de alimentos de las especies. Ambas partes se beneficiaban de la existencia de los muladares; los ganaderos, porque podían deshacerse con sencillez de los animales muertos y los carroñeros porque tendrían una fuente de alimentación abundante y más o menos estable.

Con la enfermedad de las vacas locas, los controles se han hecho más estrictos y se prohibió abandonar reses muertas en el campo, ni siquiera en los muladares. Y la población de aves carroñeras se ha visto afectada y sitiada por el hambre. Y mientras tanto, la crisis ha dado otro golpe artero a estas especies solo protegidas por este tipo de asociaciones. El buitre negro (Aegypius Monachus), el quebrantahuesos (Gypaetus Barbatus), el alimoche (Neophron Percnopterus) y el buitre leonado (Gyps fulvus) son las especies más importantes de la comunidad. Y la asociación intenta suplantar los muladares con estos comederos y los distintos recortes que han realizado las administraciones han obligado que la manutención de la especie corra casi por cuenta de estas asociaciones. Y por ejemplo, el día que participamos del avistaje y alimentación, habían logrado recolectar cincuenta kilos de huesos y carne de pollo para más de cien buitres que se presentaron a la cita.

Una vez reunidos en las inmediaciones del comedero, las instrucciones fueron claras. Caminaríamos de uno en fila hasta la pedriza donde se realizan los aportes de alimentos a las aves. A partir de llegar al comedero, los más de cincuenta visitantes solo contaríamos con cámaras de fotos y permaneceríamos callados y sentados, y así observaríamos como el señor de chubasquero rojo les iría acercando los alimentos, tomaría notas sobre los animales que estuvieran aun convalecientes de enfermedades o dosis de plomo o veneno en el cuerpo. Para terminar, cuando él nos indicara, nos levantaríamos todos y volveríamos al lugar donde nos esperaban las mochilas y otros elementos descartados y aguardaríamos allí en silencio el tramo final de la visita, donde nuestro guía completaría la repartija de alimentarlos y sacaría sus conclusiones sobre enfermedades nuevas, heridas casi curadas o notables ausencias.

Así lo hicimos, con el máximo sigilo posible nos fuimos acomodando en la piedra mientras observamos a los adelantados, mientras que en el cielo esas pequeñas manchas iban agrandando su forma y aterrizaban a metros nuestros. Ambas especies nos estudiábamos y solo se escuchaban sus chillidos y la voz del guía que llamando a varios por su apodo, los invitaba a acercarse a la carretilla donde estaban los huesos de pollo, pezuñas de cordero y un par de huevos de oca que consistía en el alimento para las aves. Durante veinte minutos presenciamos el arribo de las distintas aves, casi todos buitres. Se iban acercando, levantaban el pescuezo como estudiándonos y se encomendaban al poco hueso y poco carne que le tocaba a cada uno. Al terminar la repartija, nuestro guía se acercó y comenzó a explicarnos particularidades de las aves. Entre otras cosas contraatacó con la peyorativa calificación que solemos tener hacia este tipo de aves. Si bien son carroñeras, ellas no están para evitar la muerte, solo “viven” de ella, la requieren. Para poder alimentarse, precisan de algún animal muerto y no disimulan su necesidad. La mayoría de las veces sobrevuelan los montes a la espera de encontrar algún animal muerto y algunas veces, cuando están mal heridos se amontonan a la espera de que muera, no es cruel, es el instinto solamente.

A la hora de las preguntas, hubo varias. Alguien le mencionó las típicas fotos donde un niño en algún rincón de África está a punto de morir ante la cercana presencia del buitre, a lo que él guía nos consultó que era más obsceno, si la presencia cercana del buitre o de la cámara de foto que testimonia el fracaso de la especie humana, que un niño se muera de hambre, que un fotógrafo se consagre con una foto o que un animal esté a la espera de un resultado que a él le posibilitará su alimento. Nos consultó sobre si habíamos estado atentos a alguna pelea entre las aves para la repartija de los escasos alimentos que la asociación logró juntar para esa mañana. Dijimos que no, a lo que él avaló y nos dijo que ese gesto entre las aves viene a contrariar otra concepción que guardamos de ellos. Ellos se respetan, funcionan como una comunidad, comen lo que encuentran, suelen buscar alimentos en manada y todos intentan saciar su apetito. En sus gaznates suelen tener poca piel debido al movimiento de ingesta y se nota en el animal que no ha comido recientemente dando un fenómeno parecido a un semáforo, donde se profundiza el rojo del color de la piel y las demás aves, ceden algo su lugar para que esa especie se alimente. Nos puso la comparación de los humanos, si aun saciado su necesidad de alimentos, si suelen ser generosos cuando la dicha es poca. No pudimos responder afirmativamente con contundencia.

La cadena natural de la que el buitre aportaba el último tramo, se ha roto. La hemos roto. La especie debe cambiar sus hábitos de comportamiento, el hambre las ha sitiado, les hemos negado sus fuentes de alimentación y ellos intentan sitiar la muerte. Buscan la comida  que no tienen, y entonces ante un nacimiento se acercan a las placentas y acaban sin miramientos y demoras con los animales postrados debilitados por la pérdida de sangre ante un mal parto del que no se recuperaran. Pero la foto dirá que los buitres han atacado a una vaca que acaba de parir sin darle la mínima posibilidad de recupero. Como sucede en nuestras sociedades, seguimos errando el diagnostico en casi toda apreciación.

En ningún momento de la visita nos pidieron dinero, hicimos el recorrido a voluntad y muchos de nosotros aprovechamos el descenso al pueblo para acercarnos nuevamente al museo y hacer una mínima colaboración. El guía contestó todas nuestras preguntas, nos dedicó casi una hora en la visita y al finalizar no nos acosó con las necesidades económicas que pudiera tener la asociación. Creo que ese gesto movilizo mejor a los visitantes a dejar una contribución, y todos se fueron contentos. De regreso a los coches, vimos como varios buitres levantaron vuelo, otros sobrevolaban en círculos en busca de su camino, algunos se quedaron en el comedero alargando la sobremesa y los únicos ausentes fueron los quebrantahuesos, no pudimos ver su modus operandi de arrojar los huesos desde altura para partirlos para luego comérselos.

Son aves de considerable tamaño, con las alas desplegadas pueden llegar a los 2.5 metros de envergadura y suelen pesar cercano a los 6.5 kg. Utilizan las corrientes térmicas para elevarse y mantenerse como vigías en busca del animal muerto. Su cabeza está pelada, desprovista de plumaje. Su cuello es largo y no tiene garras poderosas, más bien cortas y romas, adaptadas para andar y no tanto para matar. Localizan a sus víctimas con la vista más que con el olfato, se alimentan de día y suelen habitar en zonas rocosas, donde descansan en parejas. Y durante veinte minutos convivieron con nuestra curiosidad sin sentirnos agredidos en ningún momento.

No es objetivo de esta entrada que adopten al buitre como animal de compañía. Es simplemente compartir un momento curioso, que se dio de casualidad y que sirvió para que la escapada a Huesca quedara definitivamente en nuestro recuerdo, con anécdotas que cada tanto volvemos a reiterar en esas mesas bien argento donde abunda la buena compañía. Y siempre pensando en la posibilidad de que en una nueva escapada, nos topemos de frente con alguna sorpresa de esta magnitud. Y de paso, como con muchas cosas que nos suceden a diario, cambiar esos estereotipos que tenemos de casi todos, que más que acercarnos nos alejan, no nos integran. Para terminar, me quedo con una frase del guía, nos dijo que los buitres se alimentan de carroña, no les afecta las enfermedades de las ovejas, vacas, cerdos o pollos. La naturaleza las necesita para limpiar y devorar la muerte. Y que desde hace un tiempo están cercadas, peligrando su existencia. Y no es a causa de otros animales, es a causa de nuestra voluntad. El hambre de los buitres se profundizó a partir de 1996 con las vacas que los hombres volvimos locas, y así con casi todas las especies. Habrá que cuidarse de los hombres entonces.