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domingo, 2 de febrero de 2020

Hay anarquía en mis movimientos y al mismo tiempo alguien los controla


“En tu lucha contra el resto del mundo te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo”.
Frank Kafka

Quiso destruir la mayoría de sus escritos. Pidió que se respetara su decisión de que sus obras no vieran nunca la luz del sol tras su muerte. Vivió en un sistema injusto cuya única función era la de perpetuarse. Como a él, la vida también se perpetuó en un sistema que más que vivir lo que hace es que suframos en vida. Su estilo literario se convirtió más que en estilo en la representación de como vivimos las situaciones dramáticas o frustrantes. Frank Kafka traspasó su literatura al lenguaje cotidiano, de ahí que la RAE acepte la palabra kafkiano dentro de sus contenidos:

jueves, 25 de abril de 2019

Besándote una locura voy a cometer


“La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar”.
Susan Sontag

Es una de las enfermedades consideradas incomprendidas y misteriosas. Hasta hace poco, saber que se tenía esta afección era como una sentencia de muerte que iba consumiendo el cuerpo y espíritu. Sorprendentemente es también un inspirador con mayor proyección en la literatura universal. La magia y el temor se citaban en su nombre y muchos autores decidían incluirla en sus obras como una manera de atribuirle a la muerte un sentido refinado, edificante o asignarle al amor su paralelismo como una vulnerabilidad atrayente. La tuberculosis mitificó la enfermedad relacionándola con la sensibilidad, la vena o rapto creativo y una vida despreocupada, tal la del bohemio.

sábado, 20 de mayo de 2017

Hazte la fama y échate a dormir

“La fama póstuma de nada sirve al muerto, pero puede servir a los vivos con el estímulo del ejemplo que deja el que ha fallecido.”
Carta XXVIII, de José Cadalso en Cartas Marruecas.

Y un día recuperé mi voz. No se trata de una profunda afonía, sino del uso de la metáfora para anunciar que retornaron mis ganas por redactar, por exponer. Una larga década -y un poco más- me alejaron de escribir frente al ordenador. Comencé mi derrotero con la locura de presentar una novela al concurso de Alfaguara, luego pasé a imprimir de forma casera mi propia revista de deportes, me enfrenté al desafío de escribir algunos cuentos, y para completar mi formación casi anarquista, me entregué a los que supuestamente saben, a través de talleres literarios. Lo hice porque sabía internamente que tenía voz, pero no sabía en absoluto si afinaba, así que me fui a comparar en un medio público y privado -pagué y fui a talleres gratuitos-, con el mundillo de la escritura algo más profesional. Y en el proceso me quedé sin voz.