jueves, 13 de junio de 2013

Preferiría que lo leas!




¿La literatura está condicionada por la calidad de escritores que nos influenciaron con sus obras; o con la enorme cantidad de hombres que NO nos han querido dejar impronta de sus acciones literarias? ¿Qué es más fácil: desarrollar el si ó el no?

Bartleby & Compañía es un ensayo que toma los recursos de la novela para poder ser escrita. La historia está constituida por una serie de notas al pie de página que simbolizan un texto inexistente y a través de este, la sutil metáfora de la imposibilidad de escribir, de la creación literaria.

Bartleby es un personaje de Herman Melville, de un breve relato titulado “Bartleby el escribiente”, donde se centra en un oficinista sepultado, que se limitaba a permanecer en su mesa de trabajo y cuya fórmula de responder “preferiría no hacerlo” a cualquier petición que excediera lo estrictamente laboral lo convierte en un personaje detestable y entrañable al mismo tiempo. Enrique Vila-Matas asocia la especie de los “Bartlebys” al paradigma del NO, conformando un libro sin texto y capturando en su figura la esencia de los escritores que no escriben, aquellos que han escrito pero han caído en un profundo silencio, u otros que por inseguridad jamás decidieron publicar.

Los autores del NO los divide en dos grupos. En primer término, todos aquellos famosos autores que han dejado de escribir u ocultan con celo su identidad, tales como Rimbaud, Ribeyro, Rulfo, Gracq o Sallinger. Luego sitúa a un número considerable de intelectuales que poseen una complicidad con la escritura pero no escriben nada, tal el caso de editores o poetas menores.

El personaje que nos cuenta la cronología de los distintos “Bartlebys” realiza pocas acciones, solo la recopilación; la trama es nula y tiene un desenlace invisible, casi lógico.

La trama indaga en las posibles razones del abandono, asociándolas a las que tienen que ver con la moderna desconfianza en las palabras, en que todo está dicho, en que no se puede decir las palabras con la real exactitud que uno las piensa o imagina y que de esa manera solo se puede aspirar a una repetición o al espionaje.

El texto se manifiesta a través de una sucesión de notas al pie de página donde nos deja ver el poder y la trascendencia que tiene todo lo escrito, la necesidad que tienen todos los que deciden comunicarse por este medio por poder llegar a generar la obra perfecta, el afán comercial que persigue a todo autor o editorial, la irrupción sin sentido ni valor literario de infinidad de autores que se pierden en la vorágine editorial. Y lo cuenta de una manera graciosa y sutil, pero dejando de a ratos la duda de si se está expresando con seriedad sobre el tema.

“escribo para no ser escrito”, nos dice el personaje de Marcelo, también afectado por el síndrome, por lo que intenta recuperar su calidad de autor y no de personaje en este ensayo plagado de citas, autores y obras que describen cientos de vidas similares pero partiendo de su propio razonamiento o conclusiones.





Enrique Vila-Matas
Hasta aquí el comentario del ensayo. Enrique Vila-Matas es uno de los tantos autores interesantes en el panorama de la literatura española actual. Ha arrastrado cierta aureola de “autor secreto” y anticomercial pero goza de una extraordinaria fama bajo el calificativo de “raro”. Recibió premios en el extranjero (Francia y América Latina, con el Herralde a la cabeza) mucho antes que el reconocimiento en su tierra, y eso le permitió asentarse como un novelista excéntrico y exquisito.
Las tramas de sus obras no se pueden definir fácilmente. Son novelas?, son ensayos?, es solo crítica literaria?, es una burla al sistema?, solo lo sabe el escritor barcelonés. La trama suelen ser mínimas y siempre vuelve sobre un mismo tema: la tensión entre la escritura y el silencio, la tensión entre las fuerzas creativas y la parálisis del escritor ante la ardua labor literaria. En otras obras (El mal de Montano o Doctor Pasavento por ejemplo) es lo contrario: un análisis sobre la escritura como enfermedad, como pasión absurda y obsesiva. Las criticas de sus obras suelen ser buenas pero hay un dejo de considerar al escritor como un niño inquietante e improductivo, eso sí, inteligentísimo.
Historia abreviada de la literatura portátil fue la primera obra que me animé de Vila-Matas. Juro que no entendí nada, me sentí mortificado y un poco burlado. No le veía sentido a lo que leía. Pero no lo abandoné, en un taller de critica literaria on-line casi un año después de aquel intento fallido, me obligué que mi primer critica como ejercicio sea  Bartleby & Compañía. El texto anterior es el resultado de mi análisis y de su lectura salió algo más que una admiración a un gran autor. A partir de ese momento, he leído El mal de Montano, El viaje vertical, Dublinesca, Exploradores del abismo, Doctor Pasavento y París no se acaba nunca. Dentro de poco volveré a él. No sé si lo puedo recomendar, creo que para leerlo uno tiene que haber leído muchas cosas y además tener vocación de disfrutar el absurdo, pero ojo que lleva trampa. Detrás de ese absurdo está casi todas las verdades que escondemos en la vida.
Si yo lo abandonaba tras Historia abreviada, no hubiera podida darme cuenta que por motivos que desconozco, pude dar el salto a otro tipo de literatura. Tengo pendiente volver a leer ese primer texto de él. Lo dejé en Buenos Aires, en la biblioteca de mis padres que me aferra a aquella tierra y espero en navidades sentarme a leerlo nuevamente y si esta vez me gusta, agradecerme el haber insistido con él. Por eso, si lo encaran, no se por donde deberían empezar con su obra. Pero les juro que es un enorme placer en el caso de que les atrape su lectura.
Por último, esos autores del No me reflejan momentos actuales de continuo enfrentamientos entre los mismos hombres. Una de las cosas que no me gustaban de escribir un blog era pensar que pasaría cuando esos personajes que están agazapados para mostrar su permanente enojo ante el que no piense igual, me mostraran sus dientes o desilusión por no pensar o “ser de ellos”. Yo nunca fui de ellos y siempre quise ser de todos. Pero ahora mas que nunca todos se preguntan todo el tiempo o si  sos de mamá o de papá. La frustración que lleva escondida esa intolerancia me quita las ganas de opinar. Me he distanciado para no pelearme de mucha gente que se enoja todo el tiempo por diferencias de opinión y me aleje porque me di cuenta que más allá de una supuesta convicción, están adoctrinados para retar al otro, para obligarlo a hincar las rodillas y eso no me parece constructivo. Entre mis contactos no figura un familiar de una amiga que en su red social todo el tiempo desafía al que se queja a aportar algo distinto, siempre dice que el que está, hace cosas para todos. No siempre podemos aportar algo, muchas veces nuestras vidas están permanentemente paralizadas, pero la queja cuando no es resentida, también vale. Hay gente preparada para administrar esas quejas, hay políticos de turno que ganan dinero (no hablo de lo que ganan por la influencia que da el poder de su cargo) administrando esas frustraciones o necesidades y en la vida se aprende mas del disenso que del que se alinea sin cuestionamientos.
Así que Vila-Matas me sirve para presentarles al primero de los escritores que me apasiona. Y me sirve como metalenguaje para intentar dejar aquí un ámbito donde el que opine lo haga con libertad, pero con las viejas reglas, aquellas que servían al menos para imaginar que de la discusión se sacaba algo positivo siempre.