jueves, 27 de junio de 2013

La tolerancia continúa en paradero desconocido



¿Cómo elegimos los libros que leemos? Ahora que comienzo esta entrada me doy cuenta que esta incógnita es motivo para tratarla en entrada aparte. Pero como avance, a veces me sorprendo cuando tengo un libro a mano y me invade la fantasía que llegó a mi vida en el momento oportuno. Tantas veces un libro da respuestas, claves o moviliza a pensar sobre temas candentes en nuestras vidas o no nos da la respuesta, pero nos advierte de una situación similar a la que estamos atravesando en esos momentos. Otros libros, en cambio, se acercan de manera insólita, y si bien, no nos cambian la vida, dejan un buen sabor de boca que hace que esto de leer variado sea parecido a esa caja de bombones que te propone la vida….


La mayoría de los libros están ahí, publicados a la espera. Suelo estar atento a la red para localizarlos y pedirlos a la biblioteca. Pero del libro que me voy a ocupar me llegó a través de una nota que le interesó a Fernanda y me mostró del Diario El País, y me llevó de inmediato a buscar referencias del autor para hacerme con el libro. Además, las ganas que me contagió Fer me llevó a pedirlo de inmediato. Lo pedí para ella, y mientras aguardaba su lectura, ella me fue contagiando la impresión que le guardaba un texto tan breve pero contundente.

Meses después veo que ella lo sigue recomendando a todo el que se le ponga delante, tanto en persona como en las redes sociales. Y hasta se tomo el trabajo de fotografiarlo para compartirlo con sus seres queridos y llegó a insinuarle a una amiga actriz que debía adaptar la obra y presentarla en Argentina. Con tanto fervor, no podía menos que hablar de esta novela epistolar y preparar un pdf para que lo puedan leer, es muy pequeño y es la excusa perfecta para aquellos que aducen la falta de tiempo para enfrascarse en la lectura.

Luis Homar representa la adaptación de la novela Adreça desconeguda y la interpreta en Barcelona. La síntesis del actor me pareció perfecta, despertó el gusanillo que te lleva de inmediato a rastrear una obra. “Es engañosamente simple: las cartas que cruzan dos amigos y que nos llevan a una dirección inesperada”. El resto de la nota mantenía el interés pero yo de inmediato googlee buscando más referencias. Paradero desconocido es el título al castellano, su autoría responde a Kressmann Taylor y al seguir buceando por información, mas gusto me dio al saber que la autoría respondía a un pseudónimo de apariencia masculino que escondía la obra de una mujer americana, atenta a los cambios que se generaban a través del avance del nacionalsocialismo alemán. Katherine Kressman, joven nativa de Portland, egresada de la Universidad de Oregon, madre de tres hijos y anónima publicista en Nueva York, adopta su nombre literario al mezclar su apellido con el apellido de su esposo, ya que éste y su editor consideraron que la novela era demasiado dura para aparecer firmada por una mujer.

La novela basa sobre dieciocho cartas  y un cablegrama que se cruzan Martín Schulse y Max Eisenstein, expatriados alemanes ambos y socios en una galería de arte montada en los Estados Unidos. Uno de los socios judío y el otro goy. Martín decide volver junto a su familia a una Alemania que intenta superar el fracaso de la Gran Guerra y la humillación en la que queda sumida tras el tratado de Versalles. Es el año 1932 y luego de las primeras cartas donde se mantiene los lazos comerciales y de amistad, las epístolas derivan en un claro enfrentamiento a las distintas maneras de pensar y traicionar una amistad.

Una joven autora aficionada logra precisar la gravedad de los cambios generados por Adolf Hitler en aquella Alemania de post guerra. Lo que las sociedades no arriesgaban a reconocer, una mujer, en base a las relaciones distantes entre sus amistades alemanes logra resumir en menos de sesenta páginas en forma de cuento publicado en la revista literaria Story. Pasó de cuento de anticipación a cuento de denuncia, a ser publicado por Reader’s Digest y en 1939, aparecer en su formato de novela. La paradoja se presenta al lanzar Hitler su Blitzkrieg sobre Europa y desatar la Segunda Guerra. Estados Unidos abandona su indiferencia y la carrera de la joven Taylor ingresa en el olvido absoluto hasta 1995, año donde se conmemora el 50º Aniversario de la liberación de los campos de concentración. Se despertó el fenómeno de ventas, se tradujo a más de quince idiomas y se convirtió en exitosa obra teatral en Francia y Alemania. Kressmann Taylor dedicó el resto de su vida a enseñar Humanidades en un College cercano a su casa y murió, a los 93 años en 1996, un año después de reeditada la obra.

El libro se lee en menos de una hora y el impacto emocional debe durar mucho más, dejándonos huella. Nos relata las imprevisibles y duraderas consecuencias de los virajes ideológicos en las sociedades contemporáneas y al finalizar la lectura, la obligada recomendación de manera desesperada para que sirva de referencia ante errores que se reiteran.

Esas cartas mantienen su vigencia. El mundo no está atento a la repetición de los errores. En mi país vislumbro relaciones rotas que tienen más de un punto en común entre el libro con nuestra historia reciente y sus paraderos desconocidos o no reconocidos. Ya nadie escribe cartas, casi no escriben mails, apenas wassapean. La riqueza lingüística la empecinan reducir a ciento cincuenta caracteres o menos, pero ya sea en una comida, en un café, en una reunión de padres en el colegio, varios se han topado con ese cambio ideológico. Con el paso del tiempo, las partes se empecinan en mostrar su intolerancia y se obsesionan en redactar o interpretar la historia con el prisma y conveniencia actual, manipulándola y facilitando el juego a viles oportunistas. Si al leer estas cartas, algunos contemplan la posibilidad de moderar su discurso y dejar en paz la historia, podemos considerar que un libro de 1938 sigue aportando sabiduría a una raza que se muestra desgastada y repetitiva.