“La música es buena cuando ésta te hace bailar. Pero la música es grandiosa cuando te hacer ser quién eres”.
Tom DeLonge, músico.
Suelen configurar nuestra manera de ver al mundo, de recordarlo, sufrirlo o idealizarlo. Las primeras fueron producto de un legado, varias de ellas sin ser transmitidas por la familia, su sola presencia en el ambiente gestó la familiaridad de la aceptación. Por nuestra cuenta descubrimos el resto, enriqueciendo el paladar. En la adolescencia nos explicaban el mundo entero, uno más bien pequeño, donde se encerraban las cosas que deseábamos -y restaba tiempo en tener o claudicar en el intento- y con el paso de las estaciones nos hicimos jóvenes cantando a gritos y a saltos y acudiendo a recitales para escucharlas en vivo. Somos producto de tantas canciones, canciones que ya no escuchamos pero que con un acople nos devuelve a esa esencia archivada.

