jueves, 8 de octubre de 2015

Como el sol cuando amanece yo soy libre



"La razón se cuestiona a sí misma y a sus propias reglas".
Umberto Eco

La red nos hace inmortales. Las bases de datos que estamos generando también. Al menos hasta que las actualicen y nos den de baja. El mal uso de los datos nos pueden convertir en frágiles y hasta mortales. Conocer la historia de nuestra humanidad nos avala a confirmar, que los datos recogidos ayer pueden tener consecuencias importantes mañana. Y el mañana siempre puede ser a partir de hoy. Estamos en camino de aquella sociedad Orwelleana que tanto nos apasionó leer y discutir.

Los amantes de las estadísticas en los primeros años del 1900 nunca pensaron que podían perjudicar a la gente. En países como Holanda, por ejemplo, recogieron con buenas intenciones, un sinfín de datos con la idea original de favorecer el funcionamiento de la sociedad. Parte de los datos recogidos era sobre la religión de la gente, con la idea de saber por cada comunidad, cuánto dinero se destinaría a las distintas iglesias, templos o sinagogas. Una información sin importancia, como si eras católico, protestante o judío se almacenaba junto a otros datos de los habitantes de los países bajos. Se había hasta contemplado tener la mejor base de datos para que a la hora de sus muertes, tener hasta meditado el lugar donde sepultarlos eficientemente. ¿Qué pasó? ¿Qué sucedió en ese futuro? Que los nazis al invadir Holanda, tenía casi a mano y prolijamente ordenado lo que buscaban; sólo el diez por ciento de los judíos del país sobrevivió a la invasión alemana y a las consecuencias de una guerra.
Si has estado en paro alguna vez, y más en la época denominada "crisis", puedes haber comprobado como tu correo no deseado se incrementaba con correos donde te ofrecían trabajar desde casa, o plantearte un trabajo en países como Reino Unido o Portugal. Te puedes acordar porque en la mayoría de los mensajes se notaba la burda intervención del corrector de texto para comunicarse contigo en castellano. En muchos de esos casos te pedían que si estabas interesado, enviaras una contestación a esa dirección. Las noticias alertaron sobre estafas que se sucedieron en la desesperación de conseguir un trabajo. Un dato doloroso para tu intimidad como estar en paro, para los compradores de bases de datos es posibilidad de lucro. Seguramente las entidades que manejan el paro, formación o trabajo del país lo han de negar, pero ¿te ha sucedido estando en actividad?
Umberto Eco analiza en "El vértigo de las listas" la tendencia de las sociedades primitivas de enumerar los objetos, ordenándolos de algún modo, determinando o no jerarquías alguna. Es decir que las listas siempre han ofrecido a los hombres una extraordinaria fascinación que les ha llevado a ordenar, clasificar y catalogar todo lo que sucede al alcance de sus manos. Desde el famoso papelito donde apuntamos la compra del mes, las actividades individuales o grupales del grupo familiar, los libros que hemos de leer en esa temporada, los regalos de amigos a los que tendremos que homenajear en el año, o aquel tarjetero donde seguimos incorporando datos de hoteles, restaurantes o tiendas a donde quisiéramos regresar, todo vinculado a un ordenamiento de nuestros hábitos o placeres.
Cuando sentimos a salvo nuestra privacidad, utilizamos la tecnología para preguntar cosas que no preguntaríamos a nuestros conocidos o mayores. ¿Qué cosas buscaste en google en los últimos meses? A que no lo puedes recordar. Ser eficiente a la hora de activar un motor de búsqueda es fundamental para encontrar en la web la información que necesitas. Me suelo vanagloriar de lo bueno que soy a la hora de buscar contenidos, incluso para este blog. Le confiamos al ordenador cosas que quizás no confiemos a nuestras parejas o padres. Pero el ordenador canta, y vaya lo bien que puede entonar.
En 2006, AOL liberó un archivo de búsquedas hechas por seiscientos cincuenta mil de sus usuarios, durante los tres meses anteriores. Cada usuario fue identificado con un numero codificado. Un periodista del New York Times consideró que datos codificados, razonados podrían a la larga revelar la identidad de los usuarios a través de sus hábitos de búsqueda. El centrarse en un numero codificado se convirtió en poco tiempo, en algo bien íntimo. Tenía búsquedas relacionadas con enfermedades, sobre los efectos de la nicotina, sobre la depresión o paranoia. El listado arrojaba la escalofriante escalada de las búsquedas reiterativas, con sus días y horarios de conexión. El periodista tuvo la corazonada que se trataba de una persona mayor, sola y con problemas serios de salud. Junto con las averiguaciones, se correspondían otras con la referencia de un apellido. De acuerdo a la zona geográfica, buscó una guía telefónica y halló once personas con ese apellido. Coincidía la zona de su domicilio con alguna búsqueda relativa a su ayuntamiento, y determinó que con facilidad había encontrado a la persona. Telma, mujer de sesenta años recibió bajo enojo al reportero, no tenía idea de que se podía mirar por sobre su hombro, cuando ella navegaba.
Mejorar la experiencia de los usuarios será una de las leyendas que más nos acompaña en nuestra navegación por la red y que menos nos detenemos a analizar. La página en sí que nos está ofreciendo la leyenda -y podría ser este blog- no nos altera porque parece un contenido intrascendente. Pero,  ¿quién ha de ser el dueño de ese contenido en el futuro?. Y habrá un precio a pagar por habernos relajado en la web a través de una supuesta navegación gratuita. Y como le explicamos a los jóvenes, que desde que nacieron vieron como la publicidad está presente en toda actividad tecnológica que realicen y que deben tomar recaudos. Alguna vez refrescaré mi admiración por George Orwell. Debo aclarar que tantas veces, de buenas intenciones se nutren los perversos, y eso la vida tiene un sinfín de ejemplos para contrastar.
Navegó constantemente en búsqueda de nuevas lecturas. Un libro me lleva a otro, y un autor a otro. Un país me devuelve un nuevo autor para descubrir y así hasta que debo comprar una nueva agenda para seguir en la búsqueda de la lectura infinita. Pero miro las listas con lupa. Tengo algunas páginas a las que medianamente confío. Pero los nombres de las listas antes de aceptarlos, lo busco por "privado" en la red. Alguna que otra vez me he topado con un libro que, a mi criterio, no debía ni remotamente, haber estado en proceso de recomendación.
En las listas de libros más vendidos encuentro dos contratiempos. Uno, que lo que la gente compre no significa que sea bueno, solo que será lo más vendido. Y lo segundo, es tratar de adivinar cuál de esos autores de manera directa o indirecta, tendrá una vinculación con el grupo empresarial que brinda la lista. Quién será redactor, columnista, o que empresa del grupo tendrá vinculación con agentes o editoriales. No descreo de los valores de las listas, descreo de la utilidad que le dan a muchas de ellas. Para la tranquilidad de los que me estén siguiendo en esta línea, la mayoría de los autores que escojo, suelen estar bien escogidos. Sólo hay que leer las listas, pero es fundamental investigarlas o asimilarlas. El problema es que solemos tomar el trabajo de otro ya digerido, para no tener que hacer un esfuerzo que es necesario, ya no sea por los engaños que abundan, sino porque es importante desarrollar nuestro propio motor de búsqueda que nos recuerde que somos, simplemente sobrevivientes y no adoradores de google u otros buscadores.

Este momento de la historia nos hace confundir entre la frase "el mundo real y el mundo virtual". ¿Estamos todavía ante dos mundos, o este mundo tecnológico que comenzó por libre ya se ha adaptado a los vicios terrenales del mundo real? Con tranquilidad y recaudo disfruto de la era tecnológica y digital. Con la experiencia de haber vivido hace escasos quince años el otrora mundo real, trato de mantener los dos pies sobre seguro en estas tierras. Con dolor reconozco nuestra imbecilidad al seguir tratando de separar conceptos como revolución o contrarrevolución, capitalismo o socialismo, derechas o izquierdas, intimidad o privacidad, protección, sobreprotección o desamparo. A la larga, todos aceptamos que vivimos en un interminable monopolio...