“He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”.
José Saramago
Muchos de nosotros hemos valorado la dimensión de la palabra libertad promediando nuestra adolescencia. Estábamos mas hechos a la palabra dictadura. Al que supo valorar el cambio de estado no le pasó desapercibido que el nuevo orden tenia que mirar de soslayo a aquella porción de población que era afín o funcional al régimen depuesto y seguían en puestos de poder o simplemente, como miembros de la misma comunidad. Sin formalizarlo, los países debieron recurrir a una especie de pacto de impunidad, el deseo de recuperar la libertad apremiaba y los que se retiraban conservaban aún la fuerza que los hizo déspotas y tiranos. Y así surgen las transiciones sin que una parte no haya rendido incondicionalmente a la otra.

