sábado, 14 de noviembre de 2015

El tiempo es veloz


"Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo."
Mario Benedetti

Sobre la mesa de la sala reposan varios portarretratos. En uno de ellos están mis padres conmigo, un par de semanas antes de venir a vivir al País Vasco. Era la noche de mi cumpleaños treinta y cinco. Es sin dudas una buena fotografía, un excelente recuerdo, pero disfraza el contexto. La gente que conoce a mi madre a través de la foto, presume que es una buena mujer, cariñosa, que es inocente hasta en el reír, que sus manos entrelazadas con las mías trasmiten amor eterno y que en ese momento era sumamente feliz. Casi todo en la foto se acomoda con la realidad, salvo lo relativo a la dicha. Ella ya estaba transitando el dolor de dejar de estar cerca mío y regaló a la eternidad una sonrisa que en ese momento no tenía. Quizás era el gesto del recuerdo. Más de una vez quiero regresar al momento de esa foto, para compensarle y refugiarme.

Tengo otra donde mis padres sostienen a un bebé grandote que vengo a ser yo. Es la única foto que conservo de mi viejo en traje de vestir. Siempre me pareció una persona elegante, su prestancia me permitió comprender lo difícil que es llevar esa vestimenta y lo maravilloso que para algunas personas, sea esa la prenda que le estaba aguardando en la vida. Y el cabello mojado, peinado en ondas. En eso me rebelé, nunca simpaticé con el bucle que instalaba el agua y el peine en mi melena. Pero a mi padre le quedaba bien, demasiado serio para mi gusto, pero con un estilo bien particular, tan buen mozo. Tantas veces he visto a mi viejo entre los personajes de la serie Mad Men.
La vida es una carrera contra el reloj. Tantas veces sentimos que no disponemos de tiempo suficiente. Y otras tantas, podemos pasar un lapso sin movimientos, como si sobrara, como si aburriera. Las dos sensaciones acompañan a la misma persona y nos hace dudar sobre el concepto del tiempo. El tiempo también se instala en nuestros cuerpos, nos muestra con exultación o crudeza nuestras fuerzas, nuestros estados de ánimo, nuestras fases del ciclo vital. El ciclo también habita en nuestros cerebros, la mejor manera de comprobarlo es al tomar distancia, darnos cuenta de cómo pensábamos en diferentes etapas.
Un niño quiere quemar etapas, anhela ser raudo futuro. Un anciano a veces necesita impedir que el futuro que se desboca lo convierta en pasado más que en presente. Una persona cercana a la madurez tantas veces quiere que todo siga así eternamente. Hay un día en nuestro desarrollo que cambia la noción del tiempo, se acelera a la par que envejecemos. El tiempo de correr, de derrochar agilidad deja paso al confort de regular, y este a la cadencia, al mirar donde se pisa, el observar lo que se va dejando, el estar conforme por no haber corrido sin fundamento. Y el reloj es igual para todos, pero no el tiempo. Parece contener distintas agujas, un segundo puede ser crucial para alguien que antes lo subestimaba.
El tiempo debería ser siempre igual, pero un debate entre un nostálgico y un histérico podría arrojar divergencias irreconciliables. El alterado sentirá que el tiempo ha fluido de sus manos sin influir, sin tiempo a explicarlo, sin posibilidad de aprovecharlo, con el desagrado que no se lo regresen. Al melancólico su afán existencialista limitará el tiempo de exposición, pero igual no ha de apurarse, no le gusta que le apuren. Los suspiros o el lento respirar le permitirán detener el tiempo de su exposición personal. Virulencia o cadencia deben convivir en fracciones de segundos, minutos, horas, años o décadas de misma duración. Pero unos y otros se regirán por patrones distintos de espacio.
Una buena lectura nos permite ralentizar todo, el único movimiento gozado es el hojear las páginas. Un buen momento es necesidad de que sea eterno recuerdo pero no nos acordamos hasta que sea el momento de que surja otro momento similar. Una película es intensa para algunos y aburrida para otros. Un coche de alta gama nos dice que el tiempo fue creado para desafiarlo, con apenas tiempo para desacelerar ante el radar cercano. Para otros, pasar la tarde del sábado lavando el coche viejo es la mejor manera de pasar el tiempo. Esa comida desbocada detiene el tiempo de nuestros jugos gástricos. Está el que no puede sentarse a comer porque no dispone de tiempo. O el otro que daría todo por seguir sentado en la terraza disfrutando la sobremesa. El que se droga necesita ver otra realidad al mismo tiempo que esconde el vacío de ese tiempo. El azar es un desafío para el jugador, quiere ver a toda costa las cartas a riesgo de perder todo y quedarse indefenso en el tiempo.
Platón aseguraba que "el tiempo es una imagen móvil de la eternidad". Para la RAE imagen también representa una representación. Es de suponer que para algunos el tiempo será una representación estática y eterna. Pero el tiempo está sujeto a cambios, por lo que parece ser subjetivo lo del estatismo. Llevo casi dos horas tratando de expresar porque siento necesidad de escribir sobre la ralentización del tiempo. Escribo y borro, ya no tengo tan claro cuánto tiempo más me llevará este desvarío. Creo que el tiempo de este renglón ya no representa el tiempo del párrafo anterior.
Es llamativo que lo único que se puede experimentar es el presente. Lo demás, solo podemos recordar, extrañar, imaginar o avizorar. Entonces, ¿Para qué corremos? ¿Para qué deseamos nuevos tiempos? ¿Porqué necesitamos capturar el presente si en segundos llegará otro y otro y otro?
Es un "tiempo de cambios", el eterno juramento que la humanidad utiliza para adentrarse en nuevos desafíos. Es "repetir los mismos errores" para otros que sostienen que todo tiempo pasado fue el mejor. El paso del tiempo deja marcas, aunque el photoshop se proponga retocarlas. El tiempo existió antes que nosotros, pero a veces nos carcome que vaya a seguir existiendo sin contar con nuestra presencia. Para los mortales todo conlleva un valor de azaroso e irrecuperable. Pero la sonrisa de mi madre en esa foto será inmortal, lo mismo que la raya bien planchada de su traje para mi padre. Esta entrada llena de dudas quizás perdure a mi existencia, y para algunos sea motivo de detener el tiempo en forma de reflexión. Y puede ser también, que muchas sostengan que soy una máquina de perder el tiempo...