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martes, 17 de noviembre de 2020

Cuando es con vos, siento todo irreal


 “Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”

Miguel de Unamuno.


“No tengo tiempo para leer” puede ser una de las excusas simplistas más a mano para no reconocer dos cosas: que no se sabe organizar o que, en realidad, tanto no les gusta leer. Organizar el tiempo consiste dedicar un espacio a organizarse. Leer es encontrar tiempo para ampliar nuestra fuente de experiencias. Hace bastante que deje de sentirme susceptible cuando alguien se justifica por su falta de tiempo para acometer una lectura. Me hacían sentir un vago, aunque estuviera tapado de actividades, a la semana podía encontrar los momentos necesarios para descubrir con la lectura dos o tres libros diferentes. Tal vez era un halago por saber gestionar mi capacidad de lectura. Con el tiempo precisé que lo del tiempo es una frase hecha, todo aquel que no consigue unos minutos para encarar una lectura suele tenerlo para mirar el Facebook o Instagram, dedicar horas a consultar el móvil, sostener una larga conversación anodina o esencial por teléfono, mirar un programa televisivo o dormir más de diez horas al día, es decir cada uno encuentra un tiempo para hacer lo que quiera o le guste.

domingo, 28 de mayo de 2017

Todo creciendo hacia arriba

“En la inquietud y en el esfuerzo de escribir, lo que sostiene es la certeza de que la página queda algo de no dicho”.
Cesare Pavese.

A veces me pregunto porque me gusta ver en el metro, en una reposera en la playa o en un banco público a una persona leyendo un libro en papel. Me genera un magnetismo tal vez absurdo. Mi mente valora positivamente ese gesto y le otorgo un bonus de confianza o supuesta inteligencia, pasión o vocación a esa eventual persona a la que observo leer. Es como si me dieran ganas de interrumpir su lectura, conversarle y confirmar lo inteligente que es. Es quizás esta, una entrada más vinculada a la terapia, pero la encuadraré -quizás para preservar mi salud mental- dentro del ámbito literario. Luego de ese primer golpe de imagen, sobreviene la curiosidad: saber que está leyendo. Ese dato tal vez defina el concepto de inteligencia que me haga de esa persona. No hay algo tan motivador que encontrarte a un desconocido que lea lo mismo que te agradó leer a ti. Esa confirmación solo motivó dos conversaciones con extraños: una vez un señor me preguntó a mí por “Emaus” de Baricco, y yo le consulté a una chica sobre “La verdad sobre el caso Harry Quebert”. Estoy hablando de los últimos años, supongo que tuve más conversaciones con extraños, pero hoy sólo me vienen a la mente esas.