“Hay momentos en que uno busca a Dios desesperadamente. Una situación personal difícil, una tragedia, una inesperada encrucijada, un momento intenso de la propia biografía, te llevan a otear el horizonte del misterio. Entonces, como el grito ¡tierra a a vista!, que rompe la garganta del naufrago, el de ¡Dios a la vista!, hecho oración o blasfemia, puede brotar también en el creyente o en el increyente”.
José Ortega y Gasset – del libro El espectador.
Son tantas que hasta da pereza elegir. Generalmente la carta magna constitucional lo puede elegir por ti. Es tan variada la opción que una no incluye a la otra, viven enfrentadas hace siglos. Podríamos hacer un símil con un equipo de fútbol, las parejas, las marcas de coche, las afiliaciones políticas y así con todo lo que despierte pasión o al menos curiosidad. Pero le diferencia el marketing -que fue perversamente perfecto- y tal vez, nuestra hipocresía, un rasgo que ha permitido a las religiones perdurar y perdurar por la cantidad de mentiras que podemos generar. El miedo durante siglos ha frenado los ímpetus destructivos de las personas, hoy en cambio al perder la convicción religiosa, no hay filtro para cometer las peores barbaridades sin remordimiento, al menos en lo inmediato.
