martes, 1 de agosto de 2017

Cuando no recordamos lo que nos pasa, nos puede suceder la misma cosa

Cada fracaso enseña al hombre lo que necesita aprender.
Charles Dickens – Escritor

El mismo día que me marché de mi país, en ese instante donde te gana el pánico por encarar una aventura desconocida, le pregunté a mi padre en el mismo aeropuerto, cuando pensaba que podría regresar. Él, quien también es hijo de la inmigración, me dijo que las puertas siempre estarían abiertas para regresar, que lo viviera como una aventura sin importar como habría de salir. Y si mi pregunta iba orientada hacia el país en sí, me habló de una crisis moral que parecía ir en escalada. Esa era la cuestión, quizás en veinte años se podría hablar de un nuevo país. Faltan cinco años para que se cumpla la cifra de mi padre, y creo darme cuenta de dos posibilidades: o que calculó muy mal o que me quiso regalar una cifra optimista.


¿Cómo se mueve el ser humano ante un conflicto? No hay una única solución, pero si aptitudes y actitudes para encarar. Existe la tibieza, la indiferencia o, en resumidas cuentas, la resistencia por aceptar una determinada cuestión conflictiva. Hay países que parecen estar sumidos eternamente en discusiones de medio siglo o más atrás, adaptando la evolución a sostener el conflicto. Para muchos la verdad duele y molesta, cuando debería ser clarificadora e introspectiva, para poder saldar raudo deudas internas o externas con un pasado mal gestionado y salir adelante. Pero duele, molesta e irrita. Lo que irrita, tarda en sanar. Y uno reconoce esa actitud en varias sociedades contemporáneas. Tibieza e irritación, y en el otro extremo, radicalidad y ánimo de venganza. Menudas perspectivas.

A veces leo comentarios opinando muy libremente por situaciones apremiantes en países cercanos -que nunca visitaron ni conocen-. Y me muerdo por opinar, más cuando tengo amigos o conocidos que sufren o han sufrido en esos países convulsionados. Los videos que remontan todos los males al imperialismo son una agradable sensación de sentirse de izquierdas en este mundo capitalista. Sensación, porque colgando un video no se hace gran cosa, salvo que el video sea un testimonio contundente, y de esos, no abundan. Yo me siento confundido en estos momentos cuando observo videos de civiles fusilando a manifestantes en un país sudamericano. Tengo miedo de enterarme que están montadas las escenas, o que me digan eso los defensores del sistema. A mí me conmueve la escena, a mí no me interesa en ese momento la naturaleza política del conflicto. Hace un par de años, una foto de un bebe sirio, ahogado en orillas turcas, motivó un sinfín de reflexiones. Una de los gritos que más sonaron en aquel momento era el de querer averiguar cómo adoptar a uno de esos niños. ¿Habrá habido muchas demandas o fue una frase del momento? Mejor dejar el interrogante. Basta mirar cada tanto el derrotero de los refugiados que avanza y avanza.

Nos cuesta horrores saber ubicarnos ante los sucesos. La verdad del pasado suele llegar tarde, y tantas veces no llega. Y con el tiempo, las sociedades olvidan porque parece ser la mejor receta. Y están los que no olvidan y tergiversan, y están los que no pueden olvidar porque han sido las verdaderas víctimas. A estos resulta difícil pedirles serenidad o razonamiento: ellos han sido víctimas, muchas veces sus vidas se han paralizado y se encuentran sumidos en varios problemas: en escuchar lo que se dice en su nombre, en escuchar lo que los ofende, en escuchar lo que nunca les permite cerrar sus heridas y en escuchar que esos ideológicos suelen pelear por “ellos”. La víctima la tiene difícil, es víctima de por vida.

Y está la víctima que necesita ser víctima. No puede o no quiere superar ese trágico suceso. ¿Se los debe juzgar? No creo, salvo que lucren de una manera descarada con ello. Salvo que se mencione todo el tiempo la necesidad de vencedores y vencidos. Salvo que se subsidie de más por el dolor. Como un tonto, el año pasado rendí la asignatura de “Derechos humanos” en la universidad, necesaria para cumplir con el cronograma de mi grado escogido. Ese 9.75 que promedié me dolió más que un aplazado. Derechos humanos, es algo tan bastardeado que creo que no se puede abarcar en una sola definición: hoy creo ver que los Derechos Humanos son los que cada uno quiere o necesita defender, aun pasando por encima por una serie de otros derechos, que casualmente son también “humanos”. Y el subsidio como enturbia esa lucha. Y como es un tema tan delicado, no se debe hablar de ciertas cosas.

Nos cuesta cambiar las creencias establecidas. Nos cuesta el revisionismo. Por eso es difícil alcanzar la reconciliación. Porque para alcanzar ese estado, seguramente se hace primordial el reconciliarse con uno mismo primero, humanizarse para intentar que no vuelva a suceder lo sucedido. Si algunas víctimas no pueden, nosotros estamos ante una obligación: ¿Pasar finalmente esa dolorosa página? Se debe desechar la ideología refiriendo los hechos como quizás pasaron, y no como nos siguen sosteniendo que ha sucedido. Algunos hechos los hemos vivido nosotros -de lejos- por eso se confunden las sensaciones: ellos lo han vivido como lo cuentan, nosotros lo hemos vivido con otra perspectiva: el que no se encuentra afectado. No hay una sola manera, sino seguimos en el eterno bucle. Las naciones necesitan avanzar de sus atrocidades. Se entiende que una buena parte de la población se quede afectada en ese delayed.

Y es ofensivo definir a esas, como sociedades enfermas. Pero, ¿hay alguna otra definición más clarificadora? El silencio, el aturdimiento, la indiferencia, el miedo son formas de complicidad, aun cuando no se quiera ser cómplice. Y el poder contar una verdad más integral corre por cuenta de esa sociedad, una vez que las verdaderas víctimas han podido expresar la porción de realidad que les tocó sufrir. Pero, tantas veces esas sociedades enfermas prefieren la hipocresía, o la dualidad vencedores y vencidos, que rara vez ha conseguido resultados y, por otro lado, intentar determinar que ha existido una contienda, tantas veces ficticia o existente para un solo bando. Intermedie en un conflicto sencillo y compruebe lo difícil que es lograr un acuerdo apelando a rendición incondicional o pedir perdón como únicas opciones. No se logrará nada, la radicalidad de las partes no permite cerrar esa página de historia. Para que eso suceda, las partes deberían mostrarse verdaderamente cambiadas, de ahí que se eternicen conflictos en distintos rincones del universo.


No está mal encarar un análisis posterior. Intentar buscar un punto en común que nos permita comprender lo sucedido, sumado a la cerrazón de un pasado que muchos contribuyen a empañar. Existen personalidades que logran alcanzar la profundidad de una meditación del conflicto existente, pero suelen ser poco escuchados. El desconcierto o el desánimo no se soluciona con reflexión, pero seguro que menos resultado posibilita la agresión, división y relato eterno. Se asocia como indispensable encontrar al pensador que no tenga intención política ni dogma por defender, y solo cuente con su razonamiento o curiosidad por hallar una posible verdad o la correcta forma de actuar. Mientras tanto, sostenemos el dicho “Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia” a pensar esta otra alternativa, también existente y cada día más posible de visualizar: “A veces los que pierden, se adueñan de la historia”. En el medio, una parte de la sociedad que comprende que la verdad estará entre nosotros, pero que debemos encontrarla, tratando, en lo posible, de no hacernos más daño. Desde el comienzo de nuestra existencia, el hombre ha intentado adueñarse de lo que más valor tenía en un momento dado. No crean que hemos cambiado tanto en el tiempo…