“Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se han llevado demasiado bien, y nadie, por lo que yo sé, puso nunca la veracidad entre las virtudes políticas”.
Hannah Arendt
Si nos preguntan, la mayoría de los ciudadanos no confiamos que los políticos y parlamentarios digan la verdad. Esa unidad de criterio no significa que se intente, de esta manera, imponer el principio moral de que un político que miente debería perder su cargo. Con el listón moral tan abandonado y bajo, solo nos sonroja que parlamentarios, ministros o cargos públicos en general no se deban someter a un estándar ético o a un código de responsabilidad, por lo cual esa indiferencia o apatía contribuyen a sentar una sensación de vulnerabilidad democrática cada vez mas peligroso.
