“ Aprender no es saber: de aquí nacen
los eruditos y los sabios: la memoria hace a los unos, y la filosofía a los
otros”.
Alejandro Dumas
Se suele envidiar a aquel que sabe un
poco de todo o también a quien conoce mucho de un tema por sobre otros. Pero
molesta que en su difusión, hable más de lo que calle, escuche o mire. Suelen
no callar, ellos saben derivar siempre una conversación trivial hacia su propia
experiencia. En ese discurrir continuo del palique, se suelen perder en sus
propios análisis hasta dar una alarmante sensación de carencia de síntesis. Y
es ahí donde uno que sabe de pocas cosas se puede dar cuenta, que en realidad,
esa persona habla pero no sabe mucho, no conoce, no ha transitado. Ese es el
problema del erudito, tiene en su memoria demasiada procedencia externa que le
hace ruido sin permitirle sus precisiones intimas, su yo interno. Por eso nunca
pudo ser sabio. Y hoy, paradójicamente, extrañamos a ambos.
