“Desde las alturas de la razón, la historia se parece a
una fábula.”
Théodore Simon Jouffroy
En el inicio del siglo XX
prácticamente estaban en extinción, a pesar de que sus finalidades especificas
seguían siendo demandadas: divertir y llevar a reflexión sobre alguna temática.
La estrategia de utilizar personajes inanimados para recrear situaciones reales
que estimulen la introspección y al análisis de una moraleja siempre existente,
despertaba la primera curiosidad de los niños. La sabiduría era el valor
fundamental de este género literario, ya que a través de una historia
constructiva se invitaba a comprender un fondo moralizante. Las fábulas siempre
fueron una composición narrativa breve de extensas posibilidades para ser
aplicada en la educación de los niños.
