jueves, 4 de enero de 2018

Que lástima, pero adiós


“Tanto el lector como el pensador, el esperanzado y el flâneur, son todos tipos del iluminado, como lo son el que consume opio, y el soñador, y el embriagado. Y ellos son, además, los más profanos. Por no hablar de la más terrible de las drogas, la más terrible, a saber, nosotros mismos, que consumimos en nuestra soledad”.
Walter Benjamín.

Finalmente, la tarde que retiré en la agencia de viajes el pasaje de ida a Madrid, me di cuenta que había armonía entre la decisión tomada, y mi actitud ante eso. Luego de dos meses de haber decidido emigrar, la respuesta me la daba una multitud “vacía”. Reconociendo que no suelo utilizar metáforas para escribir, aquel lunes de febrero del año 2002, la vida me dio consuelo con una metáfora. Caminando de regreso al tren que me llevaría a casa de mis padres -mi casa en aquel tiempo-, al vagar observando a la multitud que encaraba la peatonal Florida, encontré una respuesta en mi interior, que me permitió asumir que la medida tomada no se podría volver atrás. Y en ese pequeño y crucial momento conmigo mismo, rodeado de una multitud, se gestó el cambio de vida que me permitió conocer otros aspectos de mi persona.


“Nadie se da cuenta que no me quiero ir, nadie va a hacer algo por mi o por mi familia para que no me vaya”, fue la luz interior que surgió al caminar por esa calle que transité por más de quince años y que no volví a transitar. La verdad era que la multitud sólo estaba atenta a sus problemas, a sus situaciones, a su dinámica. Yo buscaba en cada mirada, los ojos que me dieran templanza porque me quedaban siete días en mi país, para embarcarme en una aventura que asustaba y mucho. Iba a estar solo, y ahí me iba a enterar lo que es asumir solo el cambio de vida, a los treinta y cuatro años y sin conocer a nadie, salvo una tía y prima. Pero la multitud no miraba, caminaba como autómata que siempre ha caminado por la calle Florida, la arteria de las tiendas para extranjeros.

Me separaban seiscientos metros de peatonal hasta encarar la estación de tren de Retiro. Y no conseguí consuelo en una sola mirada. Para variar, eran todos desconocidos, no sé lo que hubiera sucedido si me encontraba con una cara amiga. El billete de avión ya estaba en mis bolsillos, no era el tipo de persona que vuelve atrás tan fácilmente. Pero estaba asustado, sorprendido de haber aceptado pagar ese billete, todo lo pensado dos meses antes no era nada comparado al recibir el billete de avión, solo en ese momento no me quedaron dudas que me iba de casa. Quizás para poder sostener la decisión asumida, medité junto a la multitud y llegué a la conclusión absurda de tan lógica que ningún ser anónimo de esa muchedumbre habría de rescatarme, pero me sirvió para poder asumir en mi interior que la decisión tomada, era la correcta, a pesar de lo doloroso.

La figura de la multitud que reafirma tu ser interior es utilizada en la literatura. Es como el “compañero” necesario, porque demuestra que una muchedumbre no logra apagar tu ruido interno. “Encerrarse en su interior” es una frase que los estoicos acuñaron para referirse a la conquista del ser interior. Pasiones y virtudes se citan en un campo de batalla, que son tus entrañas, perturbando o afianzando tu alma, dependiendo de la gravedad del pensamiento, obra o decisión. Es una de las realidades que cada tanto reafirman ese concepto de “yo existo”, que superó al histrionismo que los extrovertidos helenos utilizaban como modo de vida, antes de que la sociedad aceptara la existencia de un ser interior, que reflexiona y medita el concepto de debe ser, que reemplazaba a aquel frívolo, ser.

Julio Cortázar utilizó la figura del flâneur para describir al errante o paseante que se antepone ante la velocidad que fomenta la circulación rápida en las ciudades. Tomó el término de Baudelaire y de Benjamín, quienes valoraban en el recurso urbano, el acto de caminar y el acto de enunciar. Psicogeografía es el término utilizado para determinar el punto donde la psicología y la geografía se fusionan para valorar el impacto emocional y conductual del espacio urbano. Es la relación entre la ciudad y sus habitantes, aunque también es la relación entre ese entorno y sus narradores, es decir los escritores que habitan en él y lo han de contar. Ese flâneur era un paseante solitario en el siglo XIX parisino, que, ante la anodina presencia cercana de una multitud, le permite confirmar una intuición de lo que habrá de suceder, sucederá en ese momento si se preserva al ser interior.

Walter Bendix Schönflies Benjamín fue un filósofo y crítico literario alemán del siglo XIX que utilizó al flâneur como objeto de su análisis: “aquel cuya mirada no sólo abarca la asocialidad contemporánea de los condenados a la exclusión por la modernidad, sino que en sus rostros desentraña las huellas de una protohistoria. Benjamín, al igual que Baudelaire y más tarde, Cortázar, buscan la correlación del presente y del pasado a través de alegorías. Sacaron el concepto del vagar aislado entre la masa, participando “carnalmente” de ellas, tal como un pintor de circunstancias, que busca lo eterno en lo efímero, buscando ese instante donde finalmente se relampaguea. El filósofo pedía, de este modo, la paciencia que no tenemos para vagar sin rumbo, que es finalmente, la materialización de la libertad.

Caminar por las calles para descubrir matices o contrastes, mirando bien de cerca lo que te rodee. Vagar con o sin rumbo, con los sentidos atentos, con la atención disponible, con las respuestas a flor de labio. No fue en París, fue en Buenos Aires, y me apoyé en la arquitectura de aquella eterna calle Florida para avalar mi decisión. La última toma de contacto con una multitud la viví el domingo siguiente, cuando los que marchaban del país, hacían inmensas filas para despachar maletas. Narcotizado, ahí solo utilicé la multitud para serenar el espíritu, para retener en las retinas, las caras de mis seres amados que no se despegaban de mi lado, para forzar al tiempo para que no pasara. Volvía la duda ante la drástica decisión, mantenía mis convicciones, pero mi corazón sufría tamaña persuasión. Segundos antes de desaparecer por la manga hacia migraciones, me pregunté ¿porqué adquirí esa revelación caminando por mis calles?...