lunes, 8 de agosto de 2016

Pídele cuentas a la pura verdad

El antiintelectualismo es el culto a la ignorancia. Ha sido una constante en nuestra historia política y cultural, promovida por la falsa idea de que la democracia consiste en que "mi ignorancia es tan válida como tu conocimiento".
Isaac Asimov

Se trata quizás del dibujo animado que más popularidad goza. La ironía e irreverencia  marcan la filosofía de la serie. Uno de sus personajes principales, se caracteriza por ser esclavo de sus deseos, del afán por la comida, de la licencia con la bebida como presencia constante. Es mentiroso al extremo de ser permanentemente infantil, se suele abusar de los más débiles, es marcadamente egoísta,  se burla de aquel "soso" con valores que lo rodee, y aunque esté siempre cerca de compañeros de juergas o taberna, no se le conoce una amistad de toda la vida. Todos estas debilidades remarcando que se trata de un ser sin una razonada malicia. Se trata de Homero Simpson, personaje que a pesar de tantos defectos o limitaciones sociales, es considerado un buen tipo. Si bien es un dibujo, la pregunta que nos toca hacernos es: ¿Representa al personaje medio de cualquier sociedad? Su autor Matt Groening, además de ser guionista, es filósofo. Quizás nos diga con dibujos algo que es más fácil de digerir que si lo plantea en alguna charla o coloquio o advertencia sobre la conducta social actual.


Estamos ante un llamativo momento social donde prevalece el culto a la ignorancia. El ya mencionado Homero Simpson (Homer para los que residen en España) deja mucho que desear en el aspecto moral, pero gusta de él su "desenfada humanidad" que suele estar teñida de movimientos y pensamientos groseros. Los trazos del personaje parecen estar marcados por una vida anodina y falta de incentivos propios, pero parece gozar de la vida al máximo con lo mínimo. Es marcadamente un anti intelectual y quizás ese sea el verdadero secreto de su éxito. La única intelectual de la tira animada es Lisa, la hija del medio, y si bien es la permanente reflexión sacrificada, su personaje está marcado no solo por su brillantez y don de gente, sino por una sensación de infelicidad ante el desvarío permanente y un dejo de burla de los demás por ser pedante en sus conocimientos.

El anti intelectualismo retrata una tendencia tan a la alta -de tan alta dejo de ser tendencia- de desprestigio de las humanidades y de la actividad intelectual. Es tratar con hostilidad y desconfianza al intelecto humano, culpándole del eterno fracaso social, de ahí que se trasluzca una práctica casi despreciable hacia las ciencias o la educación.  Se subestima tanto la capacidad de razonamiento y la influencia del intelectual, que las sociedades actuales pregonan el término acción antes que el de razón. Una persona en movimiento es mucho más "activa" que una que se detiene a reflexionar sobre el "escaso" movimiento social que genera esa persona hiperactiva. La calle está llena de pícaros, en ellas no tienen lugar los chicos de buenas notas y conductas retraídas, a esos hoy se los llama frikis, que en realidad es ser minoritariamente distintos.

Hoy se idolatra la estupidez al tiempo que se considera a los medios de comunicación como los dueños de todos los males, y a los pensadores como los responsables de la infelicidad social y portadores de malos augurios. Una moda anti racionalista se extiende por nuestra sociedad. Y las bajas expectativas parece ser su principio básico. El concepto de cultura ha variado y en un punto, no está mal incluir a parte de lo popular como cultura. El problema parece ser que se ha instalado una sensación de falta de interés por lo intelectual, hoy todo es opinable y para opinar, hoy no se necesita saber. Solo se necesita tener personalidad para decir una burrada. Y parecer espontáneo o natural.

Es por eso que si un político hace un cierre de campaña en un programa supuestamente cómico, parece algo natural o espontáneo, rozando lo ordinario. Si se presta al ridículo se lo ve como alguien cercano, a alguien como uno. Hoy no se necesitan referentes, sino pasatiempos o colegas "enrollados", ya que la difusión de contenidos elevados se toma como algo traumático, conflictivo. La elite ha fracasado, nos trasmiten con naturalidad los Bush, Trump, Putin o Berlusconi, entre muchos. Massimo Cacciari, filósofo y ex alcalde de Venecia, reflexionó: "En algún momento del pasado se ha producido una división entre los políticos y los intelectuales. Los políticos de hoy son todos ignorantes".

Richard Hofstadter, científico, filósofo y académico estadounidense, logró entre otros galardones, dos Premios Pullitzer (de Historia en 1956 por "The age of reform" y a la obra de ámbito general en 1964 por "Anti-intellectualism in American life"). En su segundo Pullitzer definió al anti intelectualismo como "el desprecio por el conocimiento como finalidad en sí mismo". Los conocimientos que más se desprecian suelen ser los conocimientos académicos vinculados al saber científico y a las tradiciones del pasado, el tipo de saber que se imparte en las conferencias y que principalmente, se encuentran recogido en los libros. Aventuraba que las sociedades se estaban aficionando a los conocimientos útiles solamente para la mejora económica y se llegó a asociar a los libros, mediado el siglo XIX con una tradición corrupta y una Europa pecaminosa. En síntesis, el fracaso de la elite pensante. Henry Ford lo graficó de esta manera: "La historia es mera palabrería".

Medio siglo después, la definición de anti intelectualismo no es solo patrimonio americano. El mundo parece alejarse cada día más de la cultura filosófica o letrada, acercándose a una cultura de masas, más frugal y frívola, al alcance económico de todos los estratos, barata y accesible. Ha variado el concepto de cultura, ha perdido prestigio la educación cultural. Escasean los referentes, no se les necesita. Un anti intelectual se presenta públicamente como defensor de la gente común, por lo cual los filósofos determinan que es el disparador del populismo in crescendo. La paradoja del fenómeno anti intelectualismo es que tantas veces es propiciado y liderado por elementos de la elite que intentan, de esta manera, mostrar que tienen una cara popular, como que se tratan de gente común. Y un sinfín de populistas, en el culmen de su discurso contra la elite burguesa, viven, se visten o consumen finalmente como esa clase que aborrecen.

"Las series animadas no tienen significado profundo. Son sólo unos dibujos estúpidos para pasar el rato", es una expresión del propio Homero Simpson. Muchos espectadores pueden suponer que no hay nada que interpretar en Los Simpson, serie poblada de muchos personajes ni muy listos o interesantes. Matt Groening logró un fenómeno de dos décadas de duración de ingeniosa crueldad, que nos permite admitir con excelente humor algún posible panorama decadente de nuestras realidades culturales.


De manera que la espantosa dualidad de suponer que nuestros jóvenes pueden conforman hoy, por un lado, la generación más preparada o formada de la historia, con la duda cruel de suponer que esos mismos jóvenes son al mismo tiempo más vacíos, intrascendentes y menos listo que en cualquier otra época. Sea como sea, no se debe olvidar que la inteligencia es una potencia que se desarrolla con el conocimiento y para llegar a ella es necesario tener curiosidad. Y si resignamos esa curiosidad, renunciamos a la pasión de tratar de entender lo que nos rodea, perdiendo nuestra sensibilidad y lo mucho o poco que hoy tengamos de inteligentes, sea cual sea nuestra clase social o referencia cultural...