"El mejor del mundo es Messi; y el segundo mejor, Messi lesionado.
Nació para jugar al fútbol, es el primer genio del Siglo XXI. Es incomparable.
Ahora da la sensación de que está al borde del retiro, pero está empezando la
plenitud de su carrera".
Jorge Valdano, en noviembre del 2013.
Cuesta entender que no es fácil
sobreponerse a la falta de categoría no solo de un colega de profesión sino a
un sistema que todos reconocen que está enfermo, pero ninguno logra acertar
sobre el rotundo diagnóstico de la enfermedad. Tal vez repasando los iconos de
su historia, sobresalen los individualismos y despotismos que permiten
conjeturar que una sociedad no puede superar malos hábitos de forma individual.
Es un problema mayor cuando esa sociedad es la argentina, donde se destacan universalmente
por sus cualidades individuales, pero nunca en su historia ha de ser
considerada por su capacidad o atributos hacia el colectivo. Un argentino es
capaz de sumarse a una dinámica grupal en cualquier otro contexto o rincón del
planeta, nunca en su propio país, porque siempre lo ha de cuestionar ese seudo
líder individualista que llevamos dentro.
