“No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe”.
Ray Bradbury
Ray Bradbury tituló a su novela distópica “Fahrenheit 451”, denominándola así por ser la temperatura a la que arde el papel. La novela se basaba en una de las obsesiones o taras por las que desanda el poder totalitario -político o religioso-, que es quemar libros -a través de bomberos del revés- para tener mejor control sobre todo aquello que podría aprender la población, apoyándose en el aliado televisivo para el bombardeo del pensamiento crítico. La crisis de la civilización occidental esclavizada por los medios, tranquilizantes o conformismos no solo están presentes en el libro emblemático de Bradbury, sino que esas visiones proféticas las recogemos también en autores como George Orwell -con 1984- o Aldous Huxley -Un mundo feliz-, entre otros. Puntualmente en este libro -Fahrenheit 451- se rastrea a los disidentes que aún conservan y, peor todavía, aún leen los libros.

