“Nadie es como el otro. Ni mejor ni
peor. Es otro. Y si dos están de acuerdo, es por un malentendido”.
Jean Paul Sartre.
Si bien existió una mayoría concebidos
con forma humana, se encontraba un interesante porcentaje representado como
mezcla de humanos y animales, sobre todo en los primeros tiempos de etapa
primitiva, donde la cacería era sustancial para poder alimentarse, creando una
vinculación orgánica con los animales entre íntima y esencial, hasta el punto
de ser simbolizados en las divinidades que siempre necesitó la especie para
poder afrontar las vicisitudes del planeta. El culto a los animales nos precede
desde lo más remoto de nuestros tiempos, y a día de hoy, solemos representar
algunas de nuestras más notorias falencias ayudándonos de esa especie de
mitología que han sido los dioses.
