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sábado, 30 de junio de 2018

Porque si nada queda nada da


Habla para que yo te conozca
Sócrates – Filósofo griego.

Se solía recurrir a una diversidad de vocablos o registros para hablar, todos dependiendo del interlocutor, circunstancias o ambiente donde se desarrollaba una conversación. Teníamos la facilidad de adaptar nuestro vocabulario al entorno y lo hacíamos como cuando se cambia la marcha del coche o se pedalea en una bicicleta: automáticamente. No era lo mismo dirigirse a un jefe, padre, amigo, extraño, vecino o abuelo. Y no fingíamos ni hacíamos esfuerzos o concesiones. Podíamos no tener una cultura desarrollada, pero si la capacidad de comprender que no todo lo dicho era para todos o para todo momento. Eso ha cambiado y la palabra que se me viene a la mente para graficar dicho cambio es… empobrecimiento.

sábado, 24 de febrero de 2018

Con la espada, con la pluma y la palabra


“No tiene ningún enemigo en este mundo, y ninguno de sus amigos lo quiere”.
Oscar Wilde sobre George Bernard Shaw

Si bien se profundiza hoy en día en exceso lo políticamente correcto sobre lo que decir y como decirlo, se trata de una práctica que siempre ha de superar los límites de lo que se puede expresar. Se puede ser simplemente vulgar, fuera de contexto y soez, e igual de efectivo, o se puede disponer de un arte o estilo para deslizar bajezas o ruindades y ser distinguido por mantener originalidad, creatividad, agudeza y repentización a la hora de descargar un insulto sobre la otra persona. Por qué el insulto no deja de ser un arma de agresión masiva, pero si surge producto de tener maneras, tantas veces suena como palabras sensatas y de calidad, aunque desmesuradas.