"El tigre de hoy es idéntico al
de hace seis mil años, porque cada tigre tiene que empezar de nuevo a ser
tigre, como si no hubiese habido antes ninguno. El hombre, en cambio, merced a
su poder de recordar, acumula su propio pasado, lo posee y lo aprovecha. El
hombre no es nunca un primer hombre: comienza desde luego a existir sobre
cierta altitud de pretérito amontonado. Este es el tesoro único del hombre, su
privilegio y su señal".
José Ortega y Gasset - La rebelión
de las masas (1930)
Para mis abuelos la década del
treinta del pasado siglo fue dura. Tuvieron que cruzar por segunda vez el
océano en barco para radicarse en Buenos Aires. Habían confiado en que se podía
regresar a su Getxo natal, pero se equivocaron. Tuvieron suerte, ya que
pudieron irse nuevamente luego de cinco años. A partir de los cuarenta, para
mis aitites pudo considerarse la década donde salieron delante y desarrollaron
su familia. Para mis padres, los sesenta fueron los años donde estabilizaron
sus carreras personales y se aunaron en un proyecto familiar. Hoy recuerdan
esos años como los mejores. Yo, de momento, como muchos, regreso cuando puedo a
la atmósfera nostálgica de los ochenta, los de mi adolescencia. Y así seguirán
las generaciones, buscando en una década pasada el mejor de los momentos
vividos.

