“A un pueblo no se le convence sino de aquello de que quiere convencerse”.
Miguel de Unamuno
Sus constantes contradicciones finalmente fueron la garantía de su coherencia. No parecen ser muchos los que acuden a su pluma con el objetivo de encontrar una versión sobre la verdad de la vida. Algunos lo han conocido, pocos lo habrán leído y muchos tratamos de comprenderle. Hasta que reconocemos su carácter contradictorio y debemos dejar de parafrasear. Si no hubiera condenado el separatismo en todas sus formas o peleado con nacionalismos de identidad nacional o periféricos -donde lo territorial sigue siendo discusión insalvable e irracional-, tal vez en la península sería considerado, sin tanta polémica, como el intelectual y pensador español del pasado siglo. Por más que se le revindique, sigue siendo discutible porque estaba convencido que el rebaño nunca puede ser la solución. Miguel de Unamuno y Jugo fue una persona inclasificable, pero esa cualidad no es mala. Es malo que cada vez sean menos los que limiten con una postura la filosofía del pensamiento.


























