“Esperar que un hombre pueda retener todo lo que, alguna vez,
ha leído, es como esperar que lleve en su cuerpo todo lo que, alguna vez, ha
comido”.
Arthur Schopenhauer
Cada vez que me viene a la mente un
recuerdo de mi infancia lectora, indudablemente surge en primer lugar, la colección
amarilla de libros Robin Hood, de Editorial Acmé, de Buenos Aires. Tapa dura
con sobrecubierta, ilustración dibujada a color en su portada, la silueta de
Robin Hood en su contratapa, lomo redondeado y un color amarillento fuerte muy
particular -al menos para mí, tal vez por la devoción de abordar cada uno de
sus títulos-. Julio Verne, Emilio Salgari, Alejandro Dumas, Mark Twain, Jack
London, Edmundo de Amicis, Charles Dickens, Robert L. Stevenson y otros autores
elementales se almacenaban en los diversos títulos esenciales de la literatura
juvenil. Mi primera biblioteca juvenil alternaba con pocos ejemplares que no
fueran de esa colección. Mi pasión por los libros tal vez esté fundada en ese
color limonado.
