“Todo me cansa, incluso aquello que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor”.
Fernando Pessoa.
Toda crisis generalmente es causada por un exceso de optimismo. Es una tendencia en la que la mayoría de las veces ni siquiera somos conscientes. Parece ser una predisposición genética. Ese sesgo optimista nos lleva a pensar que todo va a salir bien, sobre estimamos nuestro futuro sin poder reconocer -como en todo sesgo- de que nos guiamos por falsas impresiones. Esto en un plano individual mientras que en un conjunto, tendemos a valorar las situaciones con pesimismo. Es como si fuéramos ciegos a nuestros propios sesgos y videntes ante los problemas globales. Pero, en épocas de desconfianza y desconsuelo global -como la actual-, cuesta mucho desarrollar sentidos positivos.

