“Aquellos que no lloran, no ven”
Víctor Hugo, en “Los miserables”.
Creo firmemente en las palabras y de
ahí surge mi error. Las palabras no son sabias, son palabras. Un idiota con
vocabulario no es un sabio por hilvanar buenas frases, solo es un idiota que
tiene buena labia. Pero no logro recordar cuando fue el día que le di tanto
peso a las palabras. En esa fecha comienza mi pesar. Son demasiados años
dándole validez a lo expresado, aconsejado, a lo leído, a lo juramentado. En el
camino no me di cuenta de que, más de una vez, relativicé gran parte de esos términos: hoy no
leería una sola página de la biblia, por ejemplo, un libro tan solo lleno de
palabras. Observen si no a los practicantes, feligreses, súbditos o devotos y vean
si no es cierta aquella máxima de haz lo que te digo, pero no lo que hago.
