“El bienestar de las personas, en particular, ha sido siempre la
coartada de los tiranos, y ofrece además la ventaja de dar a los sirvientes de
la tiranía una buena conciencia”.
Albert Camus.
La desigualdad continua su crecimiento
disparando el desequilibrio y los niveles de pobreza. Por un lado, el constante
desarrollo tecnológico nos plantea un enorme conflicto, ya que cada día se
hacen menos necesarios todos aquellos trabajadores no calificados, lo que lleva
a que se pierdan más empleos y los que lo conservan, lleven años con salarios
estancados; los que se incorporan al mercado laboral lo hacen con nóminas cada
vez más limitadas, en prestaciones y beneficios. A esto le añadimos los efectos
de la globalización, que nos presenta un nuevo hecho inaudito: la eficiencia
electrónica permite gestionar y supervisar a los trabajadores a distancia, por
lo que los empleados en los países en desarrollo o subdesarrollo son dirigidos
por directivos en los países desarrollados. Somos prescindibles y estamos
perdiendo aquel concepto que prometía el “estado de bienestar” por la falta de
cohesión social.
