“Usamos la memoria para definir nuestras identidades individuales y colectivas y la reivindicamos como un derecho cultural y político. ¿Por qué la memoria ha llegado a dominar la discusión de la relación entre el presente y el pasado, al punto de casi reemplazar los discursos de la historia?”
Marianne Hirsch
La perspectiva del tiempo permitía alentar comunidades de recuerdos. Eso hasta hace poco, ya que pasamos a depender de la era de memoria, donde los hechos traumáticos vividos en los tiempos históricos han excedido los límites de cualquier archivo y cuestionado la idoneidad de los historiadores. “Cuando no recordamos lo que nos pasa nos puede suceder la misma cosa” comienza la canción de Lito Nebbia “Quién quiera oír que oiga”. La memoria individual cede paso a la memoria colectiva, se adueña de la génesis y la transforma, casi para hacer innecesarios a los protagonistas. No son relevantes, los recuerdos de esas minorías sociales sucumbieron ante las versiones hegemónicas -como le encanta esta palabra a los testaferros de la mentira- del pasado.

