“Libro, cuando te cierro, abro la vida”
Pablo Neruda.
El leer, escribir y pensar deberían ser tomados como acciones en continua construcción. Leemos y escribimos lo que somos, pero al pensar equilibrada e imparcialmente tratamos de ser algo mas, comunicando de manera coherente para seguir aprendiendo y avanzando. Somos el resultado de tantas ecuaciones supra ideológicas, motivado entre tantos, por la ideología o lo mediático. Eso genera una constante dicotomía entre las palabras y el mundo que vivimos -o viven otros y nosotros seguimos o adoptamos como propio-. Ahí es donde entra en juego la perspectiva, que además de ser un punto de vista, es la voz que nos denota. Es el razonamiento que nos da sentido o significado. Cuando nos obsesiona el pensamiento nos convertimos en una grotesca centralidad de nuestro escaso o amplio mundo, y fallamos. No comunicamos, repetimos ideas -absurdas, obsoletas o innecesarias- obligando a los demás a leer o escuchar nuestras vergüenzas. Es un mal que predomina, sociológicamente representado por una centrismo social sin vuelo, ramplón.
