“Siempre nos cabe soñar con un mundo mejor al que nos ha tocado en suerte y podemos contribuir a su mejora negándonos a secundar lo que nos parece injusto e insolidario, sin temer las consecuencias negativas que pueda granjearnos”.
Javier Muguerza – Filósofo español.
Hemos dejado pasar el efecto de esa lupa amplificadora. Si bien se instalaron cambios visibles que de una manera u otra se mantienen -el uso de la mascarilla, el gel en cada casa o local, la limpieza de manos, el pago con tarjeta, las compras por internet, video llamadas, trabajo desde casa, etc.- parece que naufragamos en aspectos elementales como la empatía en la aplicación de una pedagogía social. Ese círculo vicioso donde nos encontrábamos hasta 2020 iba a ser reemplazado por la solidaridad, equidad y la justicia. Pasados dos años de esa promesa que más de uno enfatizó, sospechamos que la humanidad no ha de ser mejor. La pandemia instaló una falsa promesa de que íbamos a ser mejores personas. Los que eran buenos, lo siguen siendo. Del resto, no se esperan novedades transformadoras.
