“Nunca presté libros, porque nadie los devuelve jamás; los únicos libros que tengo en mi biblioteca son los que me han prestado otras personas”.
Anatole France -Premio Nobel de Literatura año 1921.
El territorio ficcional de cualquier época se convierte en un presente sólido. La literatura no tiene tiempo, es un eterno presente que se activa a través de la lectura y ocurre por encima de la existencia. Para los que somos apasionados lectores nos define como una forma de bibliografía clandestina, porque nuestros libros son parte de una memoria secreta, de un inconsciente que aloja pasiones entre lo mundano y lo sagrado. La transfiguración de las palabras que conservan un valor simbólico fuerte conforman el poder del lenguaje. Ese poder se almacena, se guarda en un sector del hogar y se lo define como biblioteca. Y si lo pensamos bien, la memoria es nuestra biblioteca mental, allí atesoramos recuerdos, máximas, enseñanzas, cometidos. Es parte de la misma esencia, solo que no todos deciden coleccionar sus libros.
